Carlos Vela, quedándose en la Real después de un enorme esfuerzo económico por parte del club (del que se conocen filtraciones y no versiones oficiales, por más que ya se sepa que éste es, sin duda, el fichaje más caro de la historia txuri urdin), no sólo se confirma como el jugador más valioso de la primera plantilla, sino que destruye por completo uno de los argumentos más esgrimidos por quienes han salido de la Real en los últimos años o han visto nubarrones que no se corresponden con la realidad de la entidad. Se rompe el mito de la oferta «irrechazable», el de los «trenes que pasan sólo una vez», el de aparejar la ambición deportiva a jugar en cualquier otro lugar. La Real es, hoy por hoy, un lugar inmejorable para desarrollar una carrera deportiva llena de éxitos, uno en el que el futuro económico está completamente garantizado, uno en el que el cariño de la gente se obtiene de forma proporcional a la entrega con la camiseta que llevan cada fin de semana. Vela así lo ha entendido.

Al margen de los parámetros económicos de la operación, que han de formar parte de un debate complementario a este, Vela ha demostrado que el mejor argumento para jugar en la Real es querer hacerlo. El mexicano es un futbolista de incalculable valor. Viendo las cifras por las que se rige actualmente el mercado mundial, ese que los llamados grandes han destrozado con inversiones millonarias, el precio que paga la Real por Vela está más que al alcance de muchos equipos de mayor entidad deportiva. Se habla de que ha sido ofrecido por media Europa para que el Arsenal fuera un trampolín que dejara mucho dinero en las arcas del club londinense. Aquí en España se llegó a publicar que había recibido una oferta «irrechazable» (de nuevo ese término) del Atlético de Madrid. Pero Vela ha decidido seguir vistiendo de txuri urdin. «Como en la Real, en ningún lugar», ha dicho el jugador. Es evidente que en otros equipos lucharía con frecuencia por títulos, cosa que aquí será más complicado, pero ha decidido quedarse.

Esto, pongámoslo en valor, lo dice un jugador que la pasada temporada anotó 21 goles en 52 partidos, 16 de ellos en Liga (sólo por detrás de Cristiano, Messi, Costa, Alexis y Benzema), el cuarto máximo asistente del campeonato (detrás de Di María, Cesc y Koke) y al que las defensas rivales pararon en más ocasiones con falta (con una enorme diferencia con respecto al segundo clasificado de este ránking, Costa). Ese jugador, un caramelo indudablemente apetecible para los grandes de Europa que buscan estrellas a precio de ganga con el argumento del «crecimiento» deportivo como bandera y un cheque con más ceros de los que equipos como el txuri urdin puede rellenar, opta por quedarse en la Real. Sería absurdo decir que lo hace por dinero, porque sin duda hay muchos clubes en los que cobraría más. Sería ridículo negar que, además de la vida que haya podido desarrollar en el mexicano y lo a gusto que esté en Donostia como ciudad, hay una ambición deportiva nítida en los planteamientos del jugador. Si se queda en la Real es porque cree que la Real satisface sus ansias futbolísticas.

Y eso es lo verdaderamente importante antes de que el balón eche a andar y pelee por repetir las cifras que le han convertido en uno de los grandes jugador de la Liga española y sin duda en la estrella de la Real, que hay en el jugador un compromiso importante con la camiseta que viste. Es inevitable recordar que hace un año se despedía de la Real Asier Illarramendi. Un chaval de la casa se marchaba con la primera oferta «irrechazable» que llegaba en su carrera, con apenas medio centenar de encuentros en Primera con la camiseta de la Real y se negaba a sí mismo el sueño de disputar la Champions League con la camiseta txuri urdin. Sí, con el Real Madrid ha sumado ya dos títulos, el de Copa y el de la propia Champions, pero su papel ha sido mucho menor. Sí, gana mucho más dinero, pero ha perdido la adoración de una afición como la realista por no haber sido claro en sus intenciones y proclamar a los cuatro vientos que no se veía contra camiseta apenas días antes de firmar con el Madrid. Y Vela, con 146 partidos y 47 goles como realista, decide prolongar su carrera aquí.

Lo que Vela ha hecho apostando por la Real es marcar un camino que es el que se ha de enseñar a todo aquel que vista la camiseta txuri urdin, mucho más a aquel que la haya vestido desde una edad temprana en sus categorías inferiores. Y es un planteamiento que perfectamente se podría aplicar a los dos jugadores de cuya salida más se está hablando esta semana. Por supuesto, cualquier decisión es respetable. Si Bravo quiere jugar en el Barcelona, es libre de hacerlo cuando se cierre del todo un acuerdo entre Barcelona y Real. Si Griezmann encuentra un equipo en Europa que pague su cláusula de rescisión, tiene todo el derecho del mundo a desarrollar su carrera deportiva donde quiera. Pero bajo su responsabilidad y dejándoles muy claro lo que dejan atrás. Sabiendo que de txuri urdin tienen mucho que ganar en terrenos muy diversos. Gracias a Vela, ha quedado meridianamente claro que las ofertas irrechazables no existen. La respuesta negativa siempre es una opción, y eso sólo depende de cada jugador.

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Por Juan Rodríguez Millán

Periodista de corazón y de vocación, cinéfilo desde siempre, apasionado del deporte (y sobre todo de la la Real Sociedad), de la cultura, de la sociedad, de la vida.

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