Estás en: artículos

Una Historia Real

Busco motivos para encontrar palabras positivas y ocultar las negativas pero, un día después de una derrota histórica de la Real Sociedad, sigo sin encontrarlos. Muchas ilusiones rotas.

La tarde estaba siendo movida y yo iba tarde, porque tardé en aparcar, para variar en el centro de cualquier ciudad, sea Almería, Donosti o Madrid. Aún eran antes de las ocho pero había que llegar a casa y encontrar un buen enlace para ver el partido, así que mejor caminar rápido. En esas andaba cuando al bajar de la acera no puse un pie en la tierra. Mi flamante bota Converse pisó algo blando, un agradable aroma en el aire me hizo adivinar rápido qué sería.

Una hora después me seguí sintiendo cerca de la mierda -con perdón-. Pero no podía hacer nada. Restregar la zapatilla hasta dejarla limpia antes de pisar mi moqueta no era bastante y limpié esa suela bien, con agua caliente. Aún hoy le he dado con toallitas húmedas para lucir mi joya. No puedo limpiar, sin embargo, las camisetas de los once cabrones que jugaron en Mallorca, no al fútbol, sino con los sentimientos de una afición. Difícil olvidar y perdonar.

Mi bufanda y mi camiseta sí están impolutas, no tengo que limpiarlas. Un buen castigo para esos jugadores podría ser no volver a darles las camisetas limpias, no lavar esas con las que hicieron el ridículo en ese maravilloso viaje a Mallorca. Si eso, que las laven ellos, habituados a tenerlo todo hecho. Y a que, si la cagas, no pasa nada. También creo que se quedaría corta dicha condena: apenas las sudaron, mancharon el escudo, eso sí. Metafórico y simbólico.

Me perdí, por esa pisada en falso mía, los primeros dos minutos de partido; qué suerte, pensé poco después: el narrador dijo que el Mallorca ya había tenido dos ocasiones, una de ellas al palo. Y mi creencia en la mierdología se acrecentó con el gol de Ifrán, que vi, disfruté y compartí en twitter con un comentario que me iba a costar caro: “Si no nos meten 4, ya estamos en cuartos”. El resto es historia. Historia para no dormir, remontada histórica.

Pero sí dormí, a trozos pero dormí. Me lo tomé con filosofía, tanto durante como después de la debacle. Ni el chorro de goles al final de la primera parte ni el esperpento de la segunda me quitaron el apetito. Tuve los santos cojones -perdón otra vez- de esperar hasta el minuto 90 para cenar pero cené tranquilo, desconecté de fútbol y redes sociales. Algunos mensajes vi antes de irme a la cama que me hacían presagiar que hoy sería un día duro, eso también.

Por suerte o desgracia, no vivo en San Sebastián, que por cierto es el patrón del pueblo donde nací, Níjar -Almería-: fiestas desde días antes y fuegos artificiales como traca final, a los que mi padre, que era del Athletic, me llevaba cada año siendo un crío. Tampoco tengo que ir estos días a trabajar o estudiar a Bilbao, como muchos realistas. Ni hijos a los que explicar que no nos dan la Copa este año tampoco. Por no tener, no tenía ni ganas de escribir esto.

Ya acabo. He pasado el día capeando a compañeros de curro, más duro que lidiar con tuiteros bilbaínos. Que si ya te veías en cuartos, que si qué os pasó, que si 4 en 7’, que si Chori, que si vaya portero Zubi… Y ahí, madridistas y culés, enlazaron con el gol de Benzema. A lo Arconada, leí en alguna crónica. Sí, el bueno de Luis se quedó con el fallo ante el también francés Platini. Costó una Eurocopa. Pero él sí ganó una Copa y llegó a la final de otra- mi primer recuerdo realista, a mis 8 añitos, maldito Alexanco-. Había ganado dos ligas y se ganó ser mi primer ídolo deportivo, antes de Górriz y tantos otros. Ninguno de los de Mallorca podrá decir eso. NUNCA.

Compartir en Tuenti Una Historia Real

Get a Trackback link

No Comments Yet

You can be the first to comment!

Leave a comment