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Un punto de locura.
SIEMPRE me han atraído los locos por el fútbol que pululan por Argentina. Ese grado de pasión con la que viven este deporte les ha dotado de un gen ganador que les ha permitido lograr muchos éxitos, aunque también disgustos, como los que suelen provocar sus hinchas radicales. De su cantera han salido jugadores maravillosos, algunos de ellos fueron los mejores del mundo en sus respectivas épocas, y entrenadores fantásticos, auténticos profetas y predicadores del fútbol. Resulta paradójico en este sentido que Argentina se haya clasificado para el Mundial con un seleccionador cuanto menos inexperto, que tiene todo por demostrar en el banquillo, como Maradona, cuando la gran revelación de su grupo de clasificación, Chile, ha causado sensación comandada por un entrenador de verdad, como Marcelo Bielsa. Innovador, de carácter introvertido, estudioso de la táctica hasta el más mínimo detalle y entregado a su profesión, el loco Bielsa ha acumulado, sin embargo, varios fracasos a lo largo de su carrera. Eso sí, en todos los sitios por los que ha pasado dejó huella, y si no pregunten en el Espanyol.
Dicen que su nivel de autocrítica nunca tuvo piedad. Cuando era jugador declaró: “Una cosa es la técnica y otra el talento. Meter un balón al espacio vacío es algo que sólo requiere de buena técnica, algo que tienen muchos jugadores. Pero tener la visión de hacerlo en un partido decisivo, en el momento justo, con la velocidad y el efecto necesario, precisa de la llama del talento. Hacer esto con la marca encima y nada de tiempo para pensar es cuestión de elegidos. Por eso Bochini es Bochini (antigua estrella de Independiente de Avellaneda) y Bielsa es Bielsa”.
Me acordé de su cita el sábado pasado en el gol de la Real ante el Recreativo. Porque Sergio es Sergio; Griezmann le propuso el desmarque en carrera a la espalda del defensa. El riojano atesora un talento impresionante, es de los pocos en la plantilla realista capaz de pasar ese balón raso entre líneas, de los que da mejor que nadie Iván de la Peña. Algunos se empeñan en ahondar en sus defectos, como su lentitud y su falta de trabajo defensivo. Muchas veces nos olvidamos que si además fuese rápido, no estaría jugando con la Real en Segunda, sino en un equipo medio de la elite. Sergio es un enamorado de su profesión y el sueño reconocido que mantiene es poder estrenarse en Primera División. El primer paso es ayudar al equipo a alcanzar el ascenso, el segundo conseguir la renovación y, el tercero, Dios quiera que lo consiga, defender nuestro escudo ante los grandes.
Su sacrificio se lo merece. Por eso esta semana me he preguntado qué pensará cuando escucha decir a Guti tantas chorradas. Pocas veces un futbolista traicionó tanto a su talento como el madridista. Está muy bien que quiera salir por la noche, cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero si todavía no ha comprendido que la vida de máximo lujo que lleva exige un mínimo de sacrificio es que no ha entendido nada. Sin querer meterle en el mismo saco, la noticia del juicio de Javi De Pedro nos ha sorprendido a todos. Nada podrá hacerme olvidar que la zurda del antiguotarra fue uno de los más bonitos capítulos de nuestra historia. Incluso sostengo que no se le reconoció lo suficiente en los actos del Centenario, porque fue uno de los más grandes. Quizá lo que le faltó fue enamorarse de su profesión. Domar ese grado de locura, que por cierto tenemos todos, en este deporte. Como Marcelo Bielsa.


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