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Un punto de injusticia
Arrastro desde hace demasiado tiempo la sensación de que no se está siendo justo con lo que la Real está haciendo este año y siento la necesidad de decirlo, sobre todo ahora que casi todo el mundo parece haber arrojado la toalla y piensa que el ascenso es imposible. Porque, tengo que decirlo aún a riesgo de que quien lea esto piense que estoy loco, sigo creyendo en que el 21 de junio cabe la posibilidad de celebrar el retorno a Primera. Decir que está dificilísimo apenas describe lo que hay, está claro, pero imposible no es. Decía que hay mucho de injusticia en la valoración a los de Lillo porque el único baremo que se aplica es el ascenso. Si se sube, nadie se acordará de las críticas. Si no se sube, todo será horrible. Como hoy la Real está más cerca de seguir un año más en Segunda División que de volver al sitio que le corresponde por Historia, las críticas exacerbadas se están comiendo todo lo demás. No seré yo quien diga que partidos como el del sábado merecen la pena o son dignos de un equipo que quiere subir a Primera, desde luego que no. Pero es necesario recordar algunas cosas y matizar otras.
Y lo primero que hay que decir es que no subir no puede entenderse como un fracaso en esta Segunda División que nos ha tocado en la temporada 2008-2009. Me explico. Durante el camino de dos años que llevamos en la categoría, nos hemos llenado la boca expresando la mediocridad de los equipos que nos rodean como si la Real estuviera obligada a superarlos a todos sólo por su camiseta, pero si uno mira la clasificación se da cuenta de que eso es una explicación que no se corresponde con la realidad. Para empezar, ningún equipo que haya sumado 75 puntos se ha quedado fuera de las tres primeras plazas al final de la temporada desde que la Segunda tiene 22 equipos (desde la temporada 97-98). El equipo con más puntos que no subió es el Atlético de Madrid, con los 74 que sumó a finales de la campaña 2000-2001. La Real todavía puede llegar a los 75 y la estadística dice que con eso tendría que subir, pero existe la sensación de que no volverá a Primera ni aún sumando cinco victorias más en los partidos que restan. Eso, por mucho que se quiera obviar, es mérito de los rivales, no demérito de la Real.
La puntuación nos deja un dato más que corrobora que este año es el más difícil para volver a Primera de los últimos doce: el líder, el Xerez, está en disposición de batir el récord de puntos de la categoría. El Valladolid sumó 88 en 2007 y los andaluces pueden llegar a 90 si ganan los cinco partidos que restan (si gana cuatro y empate uno, igualará el registro de los vallisoletanos). Todo esto confirma una cosa: el nivel de la Segunda División que estamos viviendo es el más alto de la década. Nada tiene que ver eso con el buen o mal fútbol desplegado, con la mediocridad o brillantes de lo que los equipos hacen sobre el campo, porque eso no hace a nadie subir o bajar de categoría. Lo que cuenta son los puntos y estos no mienten. La Real lucha, aunque sea desde lejos y ya sin muchas esperanzas a los ojos de casi todos, por el ascenso más caro de la Historia reciente de la Segunda División. Así de claro. Vender otra idea es alejarse de la realidad. Los numeros son los que son.
Hay otro factor que ahonda en la injusticia que se está sufriendo con este equipo y que oculta en buena medida la realidad. Leo demasiados comentarios que juegan con un doble rasero bastante injusto. Durante meses, ha habido gente que afirma con rotundidad que esta plantilla no tiene el nivel para subir a Primera División. Cada partido se ha convertido, a ojos de los más críticos, en un cúmulo de despropósitos, errores y demostraciones de baja calidad futbolística por parte de los jugadores realistas. Si se gana, es porque hemos tenido suerte o los rivales son muy malos. Si se pierde, es lo normal porque los que somos muy malos somos nosotros. Y ahora junio está cerca, el mes en el que hay que valorar la trayectoria de toda una temporada y comprobar si se ha conseguido algún premio. Para esas mismas personas que llevan meses vapuleando al equipo, no subir es un fracaso. Y eso no puede ser. No se puede decir que el equipo del año pasado era infinitamente mejor que el de esta temporada y valorar la sexta posición como un fracaso absoluto.
Ese análisis me parece equivocado por tres razones fundamentales. En primer lugar, por lo que dicen los fríos números. La Real tiene hoy los mismos puntos que el año pasado a estas alturas. Sólo ha ganado un partido menos que hace doce meses, pero a cambio ha perdido dos menos. Ni siquiera en los goles a favor hay una diferencia sustancial, puesto que esta Real apenas lleva tres tantos menos que la de la temporada pasada. Las trayectorias son paralelas. En segundo lugar, y negarlo es absurdo, por el perjuicio arbitral que ha sufrido la Real a lo largo de casi toda la temporada. En los últimos tiempos alguna expulsión como la que sufrió el Albacete el sábado parecen equilibrar algo más la balanza, pero no es así. A la Real le han escamoteado muchos puntos decisiones arbitrales como poco dudosas. Pensad sólo en un partido: el del Zaragoza en Anoeta. De no haber mediado aquel penalti que hasta el linier reconoció a los realistas que no se había producido, la Real estaría hoy a cinco puntos del ascenso y el escenario, complicado igualmente, sería bien distinto. Sólo con eso. Y ha habido mucho más de lo que lamentarnos.
El motivo más importante, en todo caso, me parece el tercero, el que cito a continuación. Parece que la gente no quiere darse cuenta del escenario en el que nos movemos. En pleno proceso concursal, la plantilla que se pudo confeccionar fue corta. Para mí, de tanta calidad como la del año pasado, pero mucho más corta. Y este año, a diferencia del anterior, hemos contado con lesiones importantes (de dos meses o más) de hasta cinco jugadores llamados a ser titulares: Elustondo, Xabi Prieto, Aranburu, Sergio y Díaz de Cerio. El año pasado apenas hubo que lamentar la lesión el brazo que apartó a Xabi Prieto del tramo final de la temporada, y las constantes bajas de dos jugadores que nunca se ganaron el rango de titular, Markel y Skoubo. No sé si muchos equipos podrían sobrevivir en condiciones normales a la baja prolongada de cinco de sus titulares. La Real lo ha hecho, si miramos sus puntos y los comparamos con los de la temporada pasada, razonablemente bien. El juego lo ha notado bastante, la trayectoria en la clasificación mucho menos.
Es obvio que la Real no ha jugado un gran fútbol esta temporada, y lo he dicho. Es indudable que en Anoeta no ha puesto todo lo que tenía que poner en la mayoría de los partidos, y lo he dicho. Es razonable decir que hay jugadores que no han alcanzado el nivel que se esperaba de ellos, y lo he dicho. Es normal pensar que Lillo no ha sabido dar con la solución de algunos problemas, ni con lo que tenía en el primer equipo ni tampoco tirando del Sanse, y lo he dicho. Pero de ahí a masacrar con adjetivos grandilocuentes y dañinos cada actuación de este equipo va un trecho. Parece que gustamos de recrearnos en lo peor que tiene el equipo, en magnificar sus defectos, y no nos damos cuenta de la realidad. Y la que veo no es una realidad que me guste, no, ni mucho menos. Veo a la Real en Segunda y lejos del ascenso, con un juego poco satisfactorio. Pero creo que hay mucha injusticia en las valoraciones que se están haciendo desde hace demasiado tiempo. Quizá esta Real sea sólo el sexto mejor equipo de la Segunda División, como marca ahora mismo la clasificación. Pero quizá, y sólo quizá, la Historia nos tenga reservada una sorpresa. ¿Qué dirían entonces quienes hoy vilipendian, destrozan y ningunean a la Real?
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