donostia – Por increíble que parezca, el séptimo penalti en siete jornadas pitado de forma inexplicable contra de la Real no fue lo más escandaloso que sucedió en el Coliseum Alfonso Pérez Muñoz. Como declaró Imanol, en una nueva tibia protesta con la que el club está dejando incrédulo a todo el mundo, incluida su propia parroquia, «la imagen es clara y la vemos todos, pero no voy a entrar a valorar». Tampoco ninguno de sus jugadores quiso comentar la acción más evidente y con influencia directa en el marcador al acabar el encuentro, a pesar de que todos habían visto ya la captura de televisión en la que se aprecia con nitidez que la falta era a favor de la Real. Séptima pena máxima en siete partidos, de las que solo una no admitía discusión, y cinco de cinco jornadas después de la reanudación en la que los rivales se han adelantado al aprovechar una acción controvertida con protagonismo arbitral que siempre ha caído a favor del bando contrario de la Real.

Pero el arbitraje de Cordero Vega, que curiosamente ya había dirigido el reestreno txuri-urdin ante Osasuna, fue calamitoso y denunciable porque siempre permitió y benefició al conjunto que no quería jugar. No es que el Getafe actuara al límite del reglamento, es que lo sobrepasó por completo una vez más sin que el trencilla adoptara medidas disciplinarias para frenar su juego sucio. Las jugadas están ahí para ser consultadas ya analizadas en frío.

En la primera parte, hubo una clara declaración de intenciones, en una consigna comandada desde su propio vestuario. Solo así se puede entender que a los once minutos Olivera viese la amarilla por una dura entrada a Zaldua y que a los once, Hugo Duro, tuviese que ser expulsado por un codazo en el pómulo del mismo lateral, muy parecido al de Casemiro a Merino en Anoeta. A la media hora de partido, Cucurella había cometido seis faltas sin amonestación y Damián, cómo no, atropelló ya sin balón a Merino, con clara intención de hacerle el mayor daño posible. En el minuto 43, para cerrar bien el primer acto, Nacho soltó una patada a la altura casi de la cintura de Isak y vio la amarilla.

Así todo el partido para un global de 22 faltas de los locales y solo once de los blanquiazules. Por si fuera poco, en el origen de la acción del segundo tanto hay una más que posible falta sobre Merino en el salto. Y, tres minutos después de la diana definitiva de Mata, Oyarzabal cayó en el área ante Arambarri, en una acción en la que por mucho menos han castigado a la Real en las últimas semanas (por ejemplo, los de Aspas y Vinicius) y el árbitro, otra vez, miró hacia otro lado.

El Getafe cometió el

doble da faltas en una estrategia perpetrada

por su entrenador desde los vestuarios

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