La Real Sociedad confirmó con un triste empate (1-1) en el broche de la Liga, que la temporada se le ha hecho muy larga y, tras hipotecar sus opciones al obtener solo dos puntos de los últimos nueve, se quedó fuera del ascenso y benefició indirectamente a un Córdoba que, por los pelos, será uno de sus rivales la próxima temporada.

Anoeta lució su mejor traje, con una entrada histórica, para acoger uno de los partidos más importantes de las últimas décadas al jugarse a una sola carta un nuevo ascenso a la categoría de oro del fútbol español 41 años después del anterior. Pero ahora tendrá que seguir una temporada más en el infierno esta Real incapaz de sobrevivir con su estructura mastodóntica en el segundo peldaño.

El Córdoba no estaba por la labor de favorecer el objetivo urgente de los donostiarras, ya que además se jugaba la permanencia en la categoría, y en los cinco primeros minutos disfrutó de dos ocasiones de gol para acallar los ánimos de los seguidores locales, que daban por descontado que el conjunto andaluz se iba a marchar de vacío de San Sebastián

La Real, presa de los nervios, era una banda sin compás, que en esta ocasión no tenía siquiera director porque Pep Martí, el más dotado para ello, mantuvo la línea errática de los últimos partidos de forma que los locales se las veían y deseaban para hilar una jugada con cierto criterio a lo largo de un primer tiempo dominado de largo por los andaluces.

Cristian Álvarez tuvo en sus botas el 0-1 que habría terminado por descomponer del todo a los blanquiazules pero su disparo, solo ante Riesgo aunque un tanto escorado, se le marchó muy desviado para alivio de una afición que estaba de los nervios y que sufriría más todavía con un cabezazo al larguero de Pablo Ruiz. Fue sintomático que la principal ovación se la llevara Fran Mérida por luchar y ganar un balón sin peligro en tres cuartos de campo.

El gol de Julio Pineda en el minuto 30 haría justicia a los méritos de su equipo, muy superior al conjunto vasco, e hizo enmudecer a una grada que se frotaba los ojos porque no se creía lo que estaba viendo. Poco duró la desolación inicial para los realistas porque el central Labaka empató unos minutos después sacando petróleo de una falta cometida sobre Gerardo.

Los resultados adversos para los intereses de la Real que se registraban tras el descanso en Málaga y Gijón terminaron de desinflar a los jugadores de Juanma Lillo, que volvieron en la segunda parte a dar una imagen mala, nuevamente a merced de un Córdoba que lo daba todo para agarrarse a la permanencia. Cristian, en un mano a mano con Riesgo, tuvo la oportunidad de dejar sentenciado el partido a su favor y determinó el divorcio de la grada con su equipo.

El 2-0 del Málaga en su partido contra el Tenerife dejó definitivamente hundida a la Real que ya tenía imposible el ascenso para ese momento y el Córdoba fue el único equipo que estuvo sobre el césped de Anoeta con ánimo de lucha para, al menos, mantener un empate que significó finalmente su presencia la próxima temporada en segunda división.

Por admiweb

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