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Un empate que sabe a poco.

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La crónica

Esta temporada, el equipo que deambuló por Anoeta dominado y superado por la Real durante 70 minutos solo ha perdido tres partidos, en el Camp Nou, Bernabéu y San Mamés. Su mérito es sobresaliente e incuestionable, pero el del equipo realista también, ya que fue capaz de dar un baño sin recompensa a uno de los adversarios más rocosos e incómodos del campeonato, que normalmente consigue evitar que brille tu juego. Suelen decir que a Osasuna le gusta dejarse dominar mientras aprieta para intentar aprovechar cualquier error de su enemigo. Ayer intentó hacer lo mismo, aunque no fue capaz de oler el balón debido al meneo que le dio la Real hasta que se le acabó la gasolina a su centro del campo.

Tras la sensacional victoria ante el Málaga, en la que la Real le dio la vuelta a un marcador en contra con dos tantos excepcionales, plenos de talento, jugando a la desesperada en los últimos minutos, defendí la teoría de que, por mucho que el planteamiento a la heroica de Montanier fuese atinado, eso solo sucede uno o dos días en toda la campaña. Para resumir lo acontecido ayer en Anoeta, también me acojo a la misma interpretación. Si la Real juega así el resto de la temporada en su estadio, se le van a escapar muy pocos puntos, pero siempre va a haber un día en el que, pese a su abrumadora supremacía en todos los aspectos de un partido, el balón no va a querer entrar y se va a tener que conformar con un empate. Entra en el terreno de la mala fortuna el llegar tantas veces y generar tantas opciones de remate en posiciones francas para marcar y no conseguir el gol. Pero no se puede discutir que si la Real no ganó ayer fue por la extraordinaria actuación de Andrés. Y eso, sin embargo, no entra en el terreno de la suerte. El meta hizo más de cinco paradas de enorme mérito, alguna de ellas a bocajarro, y llegó a ofrecer la sensación de ser insuperable.

La progresión de esta Real tampoco parece tener techo, ya que ayer completó probablemente los 90 minutos en los que mejor fútbol ha hecho de lo que llevamos de campaña. Solo le faltó el gol. Pese a su brillante partido, el frenazo que supuso el empate es mucho más inquietante de lo que parece a priori. La victoria ante Osasuna se presentaba como la obligada llave para ganar tranquilidad en Liga mientras se centraban las fuerzas en las eliminatorias de Copa del Rey. Ahora el equipo va a tener que viajar a Valencia a intentar puntuar, si no quiere volver a caer en una situación comprometida antes de las comparecencias seguidas en Donostia de Atlético de Madrid y Sporting, con el hipotético cruce con el Athletic entre ambas. Y lo peor de todo es que Montanier no dosificó a su equipo y todos empezamos a temernos una alineación esperpéntica la vuelta del martes en Son Moix.

El técnico francés tiene motivos para estar muy satisfecho. Su obra, la del equipo titular que ha encontrado, no para de crecer y de tener mejor pinta. La Real afrontaba el reto de enfrentarse a un equipos con unas señas de identidad muy diferentes a las suyas, pero con una capacidad para competir sin figuras elogiable, y lo superó con buena nota. El equipo realista pasó por encima de Osasuna en una de las primeras partes más completas que se recuerdan en Anoeta. Sin que Bravo se llevase el menor sobresalto, sus compañeros generaron una decena de oportunidades de gol, que se dice pronto, sobre todo ante un conjunto de Mendilibar. La lista es incuestionable y lo dice todo. Pudieron marcar Zurutuza de centro chut; Agirretxe de disparo raso y en un balón suelto que no pudo enganchar; Vela de falta, en un remate fallido en posición inmejorable; Griezmann en el área pequeña, con la derecha desde 35 metros y en un disparo a bocajarro; Cadamuro en el segundo palo tras una prolongación del propio Griezmann; Agirretxe en un balón suelto tras un córner. Todo eso con un centro del campo poderoso, con jerarquía y dominador, en el que brilló por encima de todos un Aranburu que se encuentra en su séptima juventud. Y una delantera en que los dos extremos, Vela y Griezmann, parecían imparables. Pese al baile txuri-urdin en una fiesta que se presumía igualada y aburrida, se llegó al descanso con un preocupante 0-0, que reflejaba claramente que para ganar el choque iba a tener que jugar muy bien la carta de los cambios Montanier, sobre todo por el desgaste adicional de la incesante lluvia.

nuevos intentos En la reanudación, tras el espejismo de un disparo de Timor que detuvo sin despeinarse Bravo, la Real volvió a meter la directa hacia la meta navarra. En esta ocasión fue Griezmann el abanderado de las embestidas, sobre todo en una internada vertical maravillosa en la que dejó atrás a cuatro rojillos antes de chutar para encontrarse de nuevo con el héroe de la tarde. El francés volvió a intentarlo poco después por la derecha, pero su centro chut lo despejó el meta.

El problema es que el pasado miércoles la Real se desgastó mucho ante el Mallorca, mientras que Mendibilibar alineó a casi todos sus reservas en el Camp Nou. Poco a poco el centro del campo realista comenzó a acusar el titánico esfuerzo y ya no lograba superar con nitidez a su adversario. Las contras navarras empezaban a crear inquietud, pese a que en ningún momento lograron encontrar buenas posiciones de remate ni si quiera a balón parado, como es su especialidad. Montanier dio entrada a Xabi Prieto y, un poco tarde, a Ifrán, pero no apuntaló una medular que pedía ayuda a gritos al acusar su inferioridad numérica. En el arreón final Griezmann voleó mal con la derecha un centro de Aranburu y, sobre todo, Ifrán remató un buen centro de Xabi Prieto para que Andrés nos deleitara con el último regalo de la noche en forma de intervención milagrosa.

Es complicado evitar la amargura, la injusticia y la inoportunidad del empate, pero resulta preferible destacar la línea ascendente que lleva la Real. Jugando así no va a tener problemas en la Liga y los augurios en la Copa solo pueden ser halagüeños. Ahora bien, el equipo funciona cuando su columna vertebral es claramente reconocible. Esperemos que suceda lo mismo el martes en Mallorca, aunque visto el asfixiante desgaste de ayer y lo poco que le protegieron desde el banquillo, creo que tenemos que prepararnos para otra noche de sufrimiento. Al estilo del que sintió Osasuna ayer durante 70 minutos en los que no se enteraban por dónde les pasaban los realistas.

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