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Talento bajo sospecha.
En la prensa escrita madrileña se lleva mucho el sacar fotografías en las entrevistas al periodista junto al protagonista. Luego, dependiendo del ego de cada uno, estas cobran mayor o menor relevancia después en papel. En el As había algunos compañeros a los que les encantaba verse y llegaron a salir en portadas incluso más grande que el entrevistado. No se crean, casi todos han llegado muy lejos en sus respectivas carreras. Yo, como buen guipuzcoano, prefería el discreto papel secundario, aunque ahora, una vez pasado cierto tiempo, he querido recuperar varias fotografías para guardarlas de recuerdo. La más especial es una que preside el salón de mi casa hablando con Pelé en el aeropuerto de Barajas recién aterrizado procedente de Brasil. Pero hay otra muy curiosa que fue entrevistando a Guti en una de sus primeras convocatorias con la selección española. Era la campaña 2000-01 en la que Del Bosque se quedó sin Morientes por lesión y se le ocurrió improvisar con el de Torrejón en la punta de ataque, con un resultado extraordinario al marcar 14 goles en pocos meses.
Guti es uno de los jugadores con más talento que he visto en mi vida, pero su fútbol ha estado bajo una permanente sospecha. Su problema es que siempre ha conseguido que se hablara más de otras cosas que de lo que realmente importa, su juego. Eso le sucedió desde que empezó a salir en la prensa con 16 años al tener el mismo peinado que Redondo, otro de mis jugadores preferidos. En la fotografía conmigo, el madrileño se encontraba en su mejor momento y, coincidencia o no, llevaba el pelo corto, casi rapado. Desgraciadamente, su lado oscuro ha acabado ganando la batalla, ya que en su carrera no consiguió acudir a un Mundial o una Eurocopa.
Con Javi de Pedro sucedió algo parecido. Pese a ser uno de los canteranos con mayor calidad en la historia de la Real, siempre tuvo detractores. El nivel de su zurda hubiera sido suficiente como para ser indiscutible en cualquiera de los dos grandes durante varios años. En Anoeta, aparte de inventarse leyendas urbanas sobre su vida, algunos le acusaban de no asumir responsabilidades en los encuentros. En mi opinión, De Pedro retrasó el descenso varios años al echarse el equipo a sus espaldas y muchos no se dieron cuenta de la talla de futbolista que vestía de txuri-urdin hasta que se salió en el Mundial de Japón y Corea. Lo que refleja también que no fue capaz de obtener el mayor rendimiento a su extraordinario talento.
Con Xabi Prieto sucede algo parecido. Nunca he entendido al sector que siempre ha recelado de su rendimiento. Estoy de acuerdo con que con su exquisito nivel técnico podría haber aspirado a llegar muy lejos en su carrera, pero él prefirió seguir en el club de toda su vida, hasta cuando perdió la categoría. No le importó continuar para que le cosieran a patadas en Segunda, cuando había recibido ofertas de equipos importantes de la Liga y europeos. Durante varios años ha sido la única luz en el juego previsible y plano de la Real. La demostración más evidente es que casi todos sus compañeros no dudan en calificarle como el mejor canterano con el que han coincidido en Zubieta y que, en los campos que visitan, siempre es el realista que más temen. Quizá no sea el jugador con más carácter, ni el que más pelea, ni el que más dotes tenga para asumir el liderazgo, pero es un jugón y ha marcado diferencias durante varios años. Nunca se hará un tatuaje ni generará ninguna polémica con sus manifestaciones porque, además de un excelente profesional, es una gran persona, algo que nunca debería ser motivo de crítica, y siente los colores como el que más. Es tan cierto que hay que exigirle el máximo como que se ha ganado el derecho a que le esperemos para que recupere su mejor versión por los méritos contraídos a lo largo de su trayectoria.
Un amigo al que nunca le convenció Xabi le preguntó a Ane, su hija, qué nombre quería poner en la camiseta txuri-urdin que le había regalado. Le dijo “Xabi Prieto”. “¿Por qué?”, le interrogó sorprendido. “Porque va a jugar siempre en la Real”, sentenció. Y eso, para muchos, es lo máximo. Lo que yo siempre he soñado.


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