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Revolución
Un par de horas después de que la Real ganara en el Estadio Helmántico, Salamanca acogió un concierto de Amaral. La última canción que tocaron fue Revolución. La pantalla que cerraba el escenario por detrás se llenó con esa palabra. En letras blancas y fondo azul. Revolución. Y se hizo inevitable llevar la mente a la situación de la Real porque una revolución es lo que hace falta en el club. No me malinterpretéis, no estoy pidiendo el cambio de entrenador, de jugadores, de política o siquiera el del Consejo de Administración, que, eso sí, es el que más proclive soy a pedir (y las razones las expondré cuando acabe la temporada; sigo pensando que lo importante es el equipo). Lo que quiero es una revolución distinta, pero una revolución que lleve al final del tránsito por Segunda División, que nos devuelva a estadios llenos, a partidos competitivos, a jornadas ilusionantes, al fútbol de siempre. Quiero una revolución para recuperar a la Real.
Después de años de penurias, ha llegado un momento en que la revolución en la Real no pasa por cortar cabezas, sino por todo lo contrario. El que ahora tenemos, es el quinto presidente en poco más de dos años. El que ahora tenemos, es el séptimo entrenador en cuatro temporadas. De los catorce jugadores que saltaron al campo en Salamanca, sólo siete bajaron a Segunda vestidos de txuri urdin hace apenas dos veranos, y alguno de ellos tuvo una presencia testimonial en la temporada o acababa de debutar. La revolución en la Real pasa por la estabilidad. Por tener una dirección deportiva estable, por un técnico estable, por una plantilla estable. Por mantener lo que sabemos que funciona, que es más de lo que la gente parece dispuesta a ver. La revolución obliga a recordar lo que es la Real, un equipo de cantera con buenas incorporaciones de fuera. Una Real construída desde el vestuario y para la gente.
Y eso no tiene nada que ver con estar en Primera o en Segunda División, por lo que da la impresión de que la revolución en la Real ya lleva unas cuantas semanas de retraso, pues no parece haber decisiones tomadas sobre la Real 2009-2010, más allá de que la cantera sea la base. Y eso lo respaldo. Todos sabemos que en la máxima categoría han vestido la camiseta txuri urdin jugadores que jamás habrían tenido la oportunidad de jugar en el Bernabéu o en el Nou Camp en otros equipos. En Segunda pueden hacerlo con más facilidad todavía. Quizá suene a oportunismo tras los elogios que ha recibido la Real que jugó en Salamanca, el debut de Ros o el gol de Agirretxe, pero la Real pasa necesariamente por la base de lo visto en el Helmántico. A mí no me enamoró el fútbol que desplegó ni vi el partidazo que vieron muchos, pero sí vi a la Real. A una Real con jugadores como Ansotegi, Labaka, Ros y Xabi Prieto que se tiene que apoyar en buenas incorporaciones de fuera. A una Real que crea en objetivos imposibles, que se sobreponga a todos los golpes de unos años terroríficos luchando en Primera por la vida o en Segunda por el ascenso.
Estable sólo hay una cosa en la Real de nuestros días: su gente. Cada vez que miro a la grada de cualquiera de los estadios que ha visitado el conjunto txuri urdin este año o el pasado se me saltan las lágrimas de emoción. Siempre hay camisetas blancas y azules. Siempre. Y en algunos destinos geográficos se pueden contar a cientos, como sucedió en Salamanca. No importa lo que haga la Real sobre el terreno de juego, su gente siempre responde. Si las cosas salen mal, la afición aportará siempre su apoyo, estará ahí. Porque es fiable. Porque sabe que lo primero es su equipo. ¿Que los tiempos son malos? Ya vendrán mejores, pero no por eso nos vamos a saltar el presente. La Real será, pero sobre todo es. Y el sufrimiento de ahora se acabará tornando irremediablemente en una sonrisa cuando el fútbol nos devuelva lo que nos merecemos, el ansiado regreso a Primera que ya podemos decir que sería un auténtico milagro lograr el 21 de junio de 2009. Pero llegará.
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