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Orgulloso de lo nuestro.

Las únicas normas que imperan en el fútbol las marca el reglamento. Y este, como podemos comprobar, no es para nada perfecto y está sujeto a muchas interpretaciones de los propios colegiados a lo largo de un encuentro. Este es el principal motivo por el que se encuentran tan expuestos a fallar y producir polémica. Lo bueno de este deporte es que cada uno puede tomárselo, sentirlo y vivirlo como quiera. No hay ninguna regla que dictamine o especifique cuestiones como las enemistades que se pueden generar ante los distintos adversarios. Estas pueden suscitarse por un amplio abanico de posibilidades de todo tipo. Con el paso de los años, cuando una rivalidad es habitual, se repite cada año y en cada enfrentamiento, los partidos se suelen catalogar como derbis, un término que procede de la hípica. La definición dice que para que un duelo adquiera dicha categoría la rivalidad deber ser geográfica o clasificatoria.

A partir de ahí, que cada uno haga lo que le dé la gana y lo interprete como quiera. Me considero un apasionado aficionado de la Real desde que tengo uso de razón, y de antes, ya que mi aita me llevó por el buen camino antes también. No me puedo sentir más orgulloso de mi club, de mis colores, de lo que representa y de las hazañas que ha logrado a lo largo de su centenaria historia. También me gusta tener muy claro y definido quién es nuestro eterno rival y el equipo al que más nos gusta ganar en nuestro particular y admirado derbi. Y me alegra mucho que este sea contra el Athletic, un club legendario, casi inmortal en el campo, lo que te obliga a llegar por lo menos con más de dos goles de ventaja a los últimos cinco minutos, sobre todo en su monumental y moderna guarida. Una institución con una valía indiscutible, ya que lleva toda su historia trabajando muy bien su cantera y abasteciendo a su primer equipo con los jóvenes que forma en sus fantásticas instalaciones de Lezama. Su palmarés y la épica que ha acompañado gran parte de sus numerosos éxitos han provocado que cuente con una importante masa de aficionados que no se limita a su territorio en Bizkaia, sino que se extiende por todo el mundo.

Pero, sinceramente, estoy muy contento de poder decir sin ningún tipo de complejo ni envidia, como les gusta acusarnos desde el otro lado de la A-8, que para mí la Real tiene mucho más mérito. El club realista compite en inferioridad en Euskadi ante el poderoso y millonario vecino, que no tiene problemas en esquilmar el vivero guipuzcoano de cualquier edad en su afán por hacerse con los mejores jugadores vascos. Pese a que en Bilbao, cuando se abren los plazos, les gusta repetir de forma despectiva que el equipo blanquiazul tiene la ventaja de poder incorporar a cualquier jugador, hoy en día, y tal y como está el mercado, la dirección txuri-urdin sale a pescar con una txalupa en un mercado internacional masificado que provoca que en un partido de Segunda en Rumanía haya casi más ojeadores que espectadores en la grada. Y, por último, tampoco olvido que Gipuzkoa tiene 700.000 y Bizkaia 1,2 millones de habitantes. No voy a entrar a enjuiciar su filosofía, porque cada uno hace lo que quiere, pero sí quiero dejar claro que, a mi entender, es exactamente lo mismo gastarse una millonada en Raúl García que hacerlo en Carlos Vela. No tiene ninguna diferencia, por mucho que se empeñen en disfrazarlo en algo que no, evidentemente, no es.

Las horas previas de un partido de máxima rivalidad suelen estar presididas por el habitual duelo de machitos por ver quién la tiene más larga. La denominación de origen de nuestro derbi es la cantera, por lo que ambas aficiones tratan de sacar pecho con sus jóvenes jugadores. En esta ocasión, los que llegamos hinchados somos los realistas gracias a la irrupción de Mikel Oyarzabal. Pero he aquí donde reside la gran diferencia entre ambos equipos. En cuanto marcó su primer gol, recibí cuatro mensajes inmediatos de personas sin relación entre sí, que me preguntaban cuál era su cláusula y me indicaban con lógica preocupación “A ver si no se lo lleva el Athletic”. La historia se repite con todos los canteranos que destacan cada fin de semana en Zubieta, pero, claro, esta faceta del vecino no es tan conocida ni interesa fuera de Euskadi, ya que restaría belleza y magia a la famosa leyenda del Athletic.

En partidos con tanto sentimiento, cuando la Real visita San Mamés, siempre recuerdo un cántico que nació para animar a Maradona y que sigue entonando la afición del Nápoles: “Un giorno all’improvviso (un día de repente) / mi innamorai di te (me enamoré de ti) / il cuore mi batteva (el corazón me latía) / non chiedermi il perché (no me preguntes por qué) / di tempo ne è passato (ha pasado el tiempo) / ma sono ancora qua (pero todavía aquí) / e oggi come allora (y hoy como entonces) / difendo la città (defiendo la ciudad) / Ale ale ale, ale ale ale.. (ale ale…)”. ¡A por ellos!

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