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No pasa nada…

Empezar escribiendo que uno de mis ídolos de toda la vida fue el gran Arconada tampoco es que resulte muy sorprendente en una web sobre la Real. Añadir que a mis 28 años sigo sintiendo las mismas o más ganas que nunca de apoyar a mi equipo desde la distancia, le aporta algo más de valor, teniendo en cuenta sobre todo los mil kilómetros que me separan de Donosti. Todos los que como yo apoyan a la Real desde Almería merecen un monumento, la verdad. Un monumento a la constancia, la fidelidad, al carácter, a la capacidad de sufrimiento, al esfuerzo; un monumento a la pasión por el fútbol, con tinta txuriurdin.

En mi caso le debo mi locura a mi hermano Jose, muy cuerdo cuando decidió que aquel equipo que apuntaba maneras a finales de los 70, cuando él rondaba los 10 añitos, iba a ser el suyo. Y no erraba en su elección porque el cambio de década, además de darle un hermanito (arriba firmante), le daría las primeras grandes alegrías futboleras. El tiempo y dos ligas le dieron la razón. Yo, sin saberlo, ya era de la Real hasta que lo consiguió oficialmente y pasando por encima de mi otro hermano, culé, al que contenté haciéndome del Barça en todo deporte que la Real Sociedad no tuviera presencia. Una Copa ganada y otra perdida al año siguiente precisamente ante el Barça de mi hermano y de Alexanco, ese circunstancial delantero centro goleador de urgencias. Un subcampeonato a finales de los 80 y una hornada de buenos jugadores de cara a los 90; suficiente para confirmarme como seguidor realista de niño a adolescente.

En dos décadas he visto pasar a muchos jugadores y casi todos me han hecho sentir orgulloso. Es cierto que he sentido especial debilidad por Górriz, luego por Lasa, Alkiza e incluso el efímero y prófugo Etxebe. Ahora me tira Iñigol, como no, del que espero que imite a Xabi Prieto y desoiga cantos de sirena, se recupere bien, deje ver qué pasa la temporada que viene (esperemos que en Primera) y luego decida. Cuánta falta nos hace y cómo se le echa de menos (las maneras del chaval Aguirretxe y la locura transitoria de Abreu no llenan el vacío que ha dejado De Cerio en la delantera blanquiazul).

La papeleta de Iñigo es nada menos que hacer olvidar a su vez a mis dos últimos ídolos, la dupla que nos hizo rozar el cielo: Darko y Nihat. El serbio, bueno donde los haya, se ha visto siempre rodeado de grandes socios. En sus dos etapas, el gigante balcánico ha contado con un segundo punta de garantías (si el turco me encantaba, el rumano Gica creo que tampoco dejó indiferente). Pero en ambas etapas lo que ha tenido es la suerte de contar con las asistencias de otro de mis grandes ídolos. La banda izquierda de la Real, además de con la presencia del gran Aranzábal, ha contado con un virtuoso, mi tocayo De Pedro, todo un icono donostiarra. Antes de enamorarme de la calidad de la zurda de aquel chaval que deslumbró en un extraño torneo disputado un fin de semana en el que había parón liguero, mis ídolos solían ser los extranjeros que venían a salvar al equipo y a ser eso, líderes de antemano. Karpin, otro de los que por suerte repitió, era para mí una mezcla de Imaz y Carlos Xabier, dos de los satélites que acompañaban al portugués de Cabo Verde que fue mi idolatrado antes que el ruso de Estonia. Oceano fue uno de los grandes aciertos de Toshack (el galés sí que ha ido y venido y ha dejado perlas y grandes recuerdos por Donosti).

Llegó también de las islas el medio centro Kevin Richardson, un rubio luchador que quizá no fue valorado en su justa medida, y el delantero morenito Dalian Atkinson, que tuvo la suerte, buena o mala, de coincidir en punta con el primer guiri de la Real: John Aldridge, madre mía qué buenos recuerdos me trae este hombre. Sólo comparables al ya mencionado Alberto Górriz y, antes aún, al hombre que para mí representó a mi equipo en mis tiernos inicios de seguidor. Como habrán adivinado por el titular del artículo con el que me estreno, Luis Arconada fue también para mí un valor seguro. Como ahora Casillas en el Madrid y la selección, el gran capitán de la Real era idolatrado por sus fieles y temido por sus rivales. Y todo gracias a esos reflejos felinos, a esa colocación y a ese carácter tan característico. Ni Platini ensombreció realmente su figura. Gracias por hacerme sentir seguro ya desde niño, desde mis inicios, por hacer que no dudara nunca en seguir siendo de la Real. Qué bueno que te tuvimos, Arconada. Gora erreala!

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2 Comments

  1. Juan Carlos, 27 marzo 2009:

    Me siento identificado contigo y cojn tu hermano , al cual le gano por un par de años, y como vosotros vivo lejo de Donosti ( en Madrid) , llevando la Real en el corazon .
    Saludos

  2. gorka, 27 marzo 2009:

    Me pone la piel de gallina siempre que leo a gente que es de fuera de gipuzkoa, incluso del pais vasco y siente a la real como si hubieran nacido aquí. Gracias por tu artículo, me ha encantado.

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