Estás en: artículos

Necesitamos otro héroe.

EL miércoles mi compañero Oskar Ortiz de Guinea rescató en la hemeroteca una crónica del fatídico partido Sevilla-Real de 1980 en el que se esfumó el primer gran sueño de grandeza de la historia de nuestro club. Tengo que reconocer que después de leer hasta la última letra de la doble página, me invadió una sensación descorazonadora. Luego han llegado derrotas muy crueles, como la de Vigo, la de la final de Copa del Bernabéu, el descenso en Valencia o la de Mendizorroza, pero creo sinceramente que ninguna alcanzó el grado de dureza de la del Sánchez Pizjuán. Eso sí, la Real del récord de imbatibilidad, insuperable 30 años después, dejó su muesca en el Olimpo de las marcas copado por los gigantes Barcelona y Madrid. El registro de aquella Real permanece irreductible y nos permite recordar que fuimos tan grandes como cualquiera.

Pero el caso es que a aquel equipo le fallaron las piernas cuando tenía el título en la mano, al empatar 1-1 a falta de 25 minutos para el final y quedarse su rival con dos menos por protestar. ¡Menos mal que el Sevilla no se jugaba nada! Le faltaba López Ufarte por el cólico nefrítico más inoportuno que se recuerda, pero ninguno de los pesos pesados de aquella novata Real tomó las riendas del equipo para conducirla a la gloria.

No se puede comparar este equipo al mejor de la historia txuri-urdin, pero en las últimas semanas estoy echando en falta que alguna de las figuras acuda al rescate y le saque de su bache goleador. A los realistas se les han escapado cuatro puntos vitales en sus visitas a Salamanca e Irun, en dos duelos en los que era casi obligado lograr la victoria, y esperemos que no tropiece en ninguno de los partidos que le quedan en casa para no echarlos en falta. Ninguno de sus mejores valores fue capaz de marcar las diferencias sobre unos rivales cuya posición en la clasificación les delata y ante una grada invadida por la afición txuri-urdin.

Digo esto porque aún estoy asombrado con la lección de jugador decisivo que ofreció Forlán en la final de la Europa League. El uruguayo vio claramente que su equipo, que era muy superior, estaba atascado y desde el minuto 75 cada vez que tocaba el balón lo único que buscaba era el disparo, consciente de que estaba en sus botas alcanzar el título. No creo que extrañara a nadie que fuera el autor del gol del triunfo.

Su predecesor como delantero centro del Atlético, Fernando Torres, acudió al Europeo sub”19 celebrado en julio de 2003 en Noruega como una gran promesa bastante confirmada. En la fase de los grupos no estuvo muy atinado de cara a puerta y uno de los enviados especiales me comentó antes del partido decisivo para clasificarse a la final frente a Eslovaquia: “Este chaval ha venido a pasearse”. El caso es que en los encuentros que disputó España yo me había fijado que todos los defensas rivales le querían matar porque no había parado de chocar, por arriba y por abajo, y buscar el remate desde cualquier posición.

Lo reconozco, con sus cosas menos buenas, que las tiene, estoy echando de menos a Carlos Bueno. El uruguayo dota al equipo de un punto de malicia y competitividad del que carece. Es un futbolista diferente que, aparte de sacarles de quicio, crea una gran incertidumbre en las zagas adversarias. No quiero decir que en Irun no se ganó por su ausencia, porque por ejemplo en Salamanca falló la ocasión más clara en el minuto 90, pero no tengo dudas de que si hubiera jugado el partido habría sido muy distinto. Por cierto, Torres acabó aquel torneo campeón y máximo goleador. Bueno lo sigue siendo de esta Real con ocho tantos. Necesitamos que marque más…

Compartir en Tuenti Necesitamos otro héroe.

Get a Trackback link

No Comments Yet

You can be the first to comment!

Leave a comment