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Loperribay

Hace unos días pudimos ver en los telediarios como una manifestación de más de cincuenta mil personas invadía las calles de una gran ciudad. No se trataba de reivindicar el rechazo a la guerra, ni al terrorismo, ni una huelga, ni un reclamo de vivienda digna, se trataba de una enérgica protesta contra el mandatario de un club de fútbol. Hablamos, claro está del Betis.

Manuel Ruiz de Lopera es el dueño del club, incluso -el siempre se jacta de ello- salvo al equipo de una situación económica muy complicada, presentó los avales necesarios para llegar a casi mil doscientos millones de las antiguas pesetas. Bajo su mandato el club incrementó considerablemente el número de abonados y logró fichajes como el de Denilson. El equipo estuvo más presente que nunca en las competiciones europeas e incluso accedió por primera vez a la Champions League

En definitiva, Lopera ha marcado un antes y un después en la entidad verdiblanca. Por el contrario, el club ha descendido a segunda división y con anterioridad, el máximo mandatario fue condenado por delito contra la Hacienda Pública en 2006 en su gestión al mando del Betis.

El caso es que la afición no le quiere por muy dueño, máximo accionista, propietario y lo que quiera ser…La situación ha llegado a tal punto que ha provocado que jugadores de la historia de Rincón o Gordillo salieran también a la calle a expresar ese profundo rechazo a la gestión de la persona que da nombre al estadio.

¿A dónde quiero llegar con esto? Pues que aunque un club de fútbol, actualmente es como una empresa, también es posible organizarse y presionar para expulsar a un dictador, a un impostor o a alguien que se ha apoltronado en un cargo de forma poco ética.

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