Griezmann lidera a la Real Sociedad en Mestalla.
- Valencia
- O
- Alineación
- Diego Alves, Bruno, Rami, Dealbert, Mathieu (Jordi Alba, m.54), Topal, Banega, Feghouli (Alcácar, m.71), Parejo (Jonas, m.65), Pablo y Aduriz.
- Goleadores
- -
- Real Sociedad
- 1
- Alineación
- Bravo, Estrada, Mikel González, Demidov, Cadamuro, Aranburu (Mariga, m.80), Elustondo, Xavi Prieto, Zurutuza, Griezmann (Martínez, m.90+) y Agirretxe (Vela, m.69).
- Goleadores
- 0-1: m.56: Griezmann.
La crónica
Si la derrota en la Copa es de las que no se olvidan, un triunfo en Mestalla también permanece en la retina de los realistas durante mucho tiempo. La Real comenzó a saldar la deuda contraída el pasado martes con una victoria excelente en el estadio del tercer mejor equipo de la Liga. Lo hizo gracias a una actuación soberbia de Antoine Griezmann que, hoy por hoy, es el mejor jugador de la Real de largo. El francés fue una bala por su banda izquierda, desde la que rompió las líneas locales con una facilidad y una verticalidad asombrosas. No cabe duda de que la progresión que temimos que fuera a frenarse por sus delirios de grandeza y sus desafortunadas declaraciones no tiene freno y el futuro que se le presenta parece inmejorable. No pienso entrar a divagar sobre si durará poco o mucho como txuri-urdin, pero lo que parece claro es que cuando se marche, nos va a sacar de pobres. La Real cuenta en sus filas con uno de los mejores proyectos de estrella en ciernes que anida en la Liga y su nombre habrá quedado escrito en letras mayúsculas en las agendas de todos los equipos que estuvieran presenciando el encuentro de ayer.
Griezmann es uno de esos futbolistas a los que gusta ver jugar. No tiene miedo, siempre trata de conducir el balón en línea recta hacia el marco rival y, quizá lo más gratificante de todo, atesora un carácter ganador impresionante, que se traduce en que defiende como el que más. Al estilo de los extremos del Barcelona. Pese a su juventud, le gusta asumir responsabilidades y ejercer de líder. Siempre quiere marcar la diferencia y ayer lo consiguió, sin duda. El encuentro y los 19 jugadores de campo jugaban a un ritmo y el galo lo hacía a otro. Cada vez que intervenía se adivinaba peligro o se esperaba una nueva mágica invención. En la primera parte dejó una carrera para el recuerdo, pero en la segunda, después de varias intervenciones de mérito por su banda, logró el gol de la victoria en una jugada en la que demostró su gen competitivo, al rematar en dos ocasiones y contar con algo de fortuna en la segunda que se envenenó tras rozar la pierna de Rami para dibujar un parábola imparable para Alves. Que conste que su intención había sido buscar una vaselina en una idea que, a esa velocidad, solo la tienen los genios.
Se suele decir que los grandes equipos son los que consiguen levantarse cada vez que tropiezan. Si lo hacen en un coliseo de la grandeza de Mestalla y ante un adversario de Champions, su vuelta a la vida adquiere tintes heroicos y superlativos. La Real se impuso al Valencia con una actuación solvente y profesional. Justo los ingredientes que le hubiesen impedido pifiarla en Mallorca. Resulta evidente que los jugadores tomaron conciencia de la magnitud de su traspié y se conjuraron para tratar de limpiar el nombre de la Real. No es mala manera triunfar en Valencia, donde no vencía desde 1996, para reconciliarse con una afición que le estaba esperando de uñas para el partido del Atlético. Seguro que el sábado, tras su hazaña de ayer, volverá a recibirle con el mismo calor que de costumbre, pero lo grave y triste es constatar que si este equipo está centrado, si juega a lo que sabe y da el 100% de su capacidad, puede llegar a aspirar a cotas más altas que una simple permanencia.
Montanier también se tiene que llevar parte de los laureles de ayer. Una semana más y en una situación crítica, con la guillotina realista ávida de sangre, el técnico se la jugó con nueve canteranos. Lo repito porque parece que muchos no se enteran o no quieren enterarse, sobre todo fuera de Gipuzkoa. La Real se llevó los tres puntos del campo del tercero de la Liga jugando con nueve futbolistas salidos de su vivero y la gran figura del partido fue uno de ellos. Queda dicho.
El once realista entró en el encuentro a su ritmo, es decir suave y al paso. En su actitud tampoco se apreció un cambio o una agresividad mayor por la hecatombe de Mallorca. Su principal novedad táctica fue que Montanier ordenó una presión muy arriba, lo que provocaba que el equipo estuviese muy estirado, con una separación enorme entre líneas, algo que podía pagar por la calidad de sus rivales. Eso sí, en el aspecto positivo, los blanquiazules entorpecían la salida del esférico del Valencia, que se empeñaba en jugar desde Alves, como el Barcelona, pero sin atesorar tanto nivel técnico para hacerlo sin meterse en líos. Pese a los muchos amagos de estropicios gordos provocados por los realistas, no pudieron aprovechar ningún balón suelto. Lo que sí llamó una vez más la atención es que los realistas se patinaron casi una decena de veces en los primeros diez minutos.
El conjunto de Emery comenzó el choque siendo muy superior. Pese a que su once presentó muchas novedades, su estado de ánimo y confianza parecían mucho más elevados tras su brillante clasificación a cuartos. Una vez más, Aduriz era el que más problemas creaba a los realistas. En el primer cuarto de hora, el donostiarra remató con peligro en tres ocasiones, con un espectacular cabezazo al larguero incluido. Pero la Real fue poco a poco adueñándose del dominio y de la posesión. Lo hizo sin rifar casi ningún balón, con combinaciones largas y muchas veces al primer toque. En definitiva, con el fútbol que parecía predicar Montanier cuando le contrató el Consejo. Es cierto que los realistas apenas generaron oportunidades (solo un tímido y lejano disparo de Xabi Prieto), pero las sensaciones al término de la primera parte eran bastante buenas y optimistas, sobre todo si se tenía en cuenta el mal comienzo del choque.
buen fútbol de la Real En la reanudación, se notó que el buen final visitante había generado dudas entre los locales y su público, tan protestón y exigente con los suyos como siempre. Los realistas empezaron a robar muchos balones y a salir al contragolpe con peligro. La palma se la llevaba Griezmann, que cada vez que asomaba por el carril del 11 parecía imparable. En una de esas contras llegó el definitivo tanto, en el minuto 55. De ahí hasta el final, las opciones más destacables siempre fueron de los blanquiazules. Agirretxe dispuso de dos interesantes opciones, pero eligió mal en ambas ocasiones. Mientras, y en algo que hay que destacar, la defensa no concedió ninguna oportunidad de peligro. Su nuevo líder, Mikel González, que se ha sacudido muchos complejos y está dispuesto a demostrar que es un zaguero de Primera División, fue el amo y señor de la parcela central. Los laterales cerraron bien las bandas, y Demidov también se multiplicó para despejar varios centros sin excesivo veneno. El único disparo entre los tres palos de los valencianistas en la segunda mitad fue de Jonas y Bravo lo atrapó sin apuros. El verdadero riesgo llegó cuando saltó Mariga como un pato mareado y perdió dos balones que pusieron en riesgo la victoria. Si no está y no se le espera, lo mejor es que se marche cuanto antes y juegue Pardo.
En definitiva, la Real sumó tres puntos de oro en uno de los momentos clave de la temporada. Ahora tendrá que afrontar dos encuentros seguidos en Anoeta, donde debe terminar de liquidar la deuda en forma de dos victorias que le permitan alejar de una vez por todas el sufrimiento para esta campaña. Si no hubiese sucedido lo de Mallorca, tras una hazaña como la de ayer, hubiéramos terminado afónicos cantando el txuri-urdin el 20 de enero. Merece la pena quedarnos con lo bueno de la semana, que también es mucho, y disfrutar de una fiesta que comenzó ayer con la explosión de una ruidosa traca en Mestalla en forma de tres puntos.

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