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La dignidad de un “lumbreras”.
el pasado domingo me quedé en Vigo, al aprovechar el viaje para hacer una visita a mi mejor amigo, que vive en Nigrán. Por la tarde, tuvo un partido en una liga amateur de fútbol 7 y le acompañé para seguirlo desde la grada. No podía salir de mi asombro cuando me puse a escuchar el carrusel de la Cadena COPE mientras retransmitían el partido Atlético-Sporting. De repente, el periodista asturiano que acompaña en los desplazamientos a los de Preciado contó que finalmente el centrocampista del Celta, Michu, no iba a fichar por el club gijonés por su pasado en el Oviedo, cantera en la que se formó. Muy extrañado, algo que me sorprendía dado su lugar de procedencia, comentó que no podía entender cómo podía dejar escapar el tren de Primera División por el amor a unos colores de un equipo en el que ya no milita. Peor fue la respuesta de José Antonio Abellán, que me hizo comprender los motivos por los que no le escucho nunca desde que la Real y, como consecuencia, mi amigo Mauri perdieron presencia en sus programas: “A eso en mi pueblo le llaman ser un lumbreras”.
Alucinante. Lo primero es que está claro que en Madrid muchos no entienden de rivalidades que no sean las suyas. Me gustaría saber qué opinaría el señor Abellán y a qué cielo le elevaría si uno de los jugadores formados en la cantera de su querido Atlético rechaza el firmar por el Madrid por su afinidad con los rojiblancos. Bueno, el mejor producto que ha salido de ese vivero en las últimas décadas, Fernando Torres, siempre ha declarado que es casi imposible que vista de blanco, algo que los dos periodistas estrellas de sendos programas en la medianoche, ambos hinchas colchoneros, han destacado y repetido hasta aburrirnos a nosotros y al propio delantero red.
No tengo el gusto de conocer a Michu y reconozco que tampoco he seguido muy de cerca su carrera, pero me parece que su gesto le honra, sobre todo en los tiempos que corren. El jugador es de Oviedo y del Oviedo, se formó en su cantera, vivió su sueño de vestir de azul y mamó desde pequeño que su eterno enemigo, como el nuestro, viste de rojiblanco. Estudié la carrera en Madrid con un gran hincha del club carbayón, que siempre me contaba que cuando viajaban a El Molinón lo hacían con cascos de minero para protegerse de todo lo que les tiraban camino del estadio. Durante todos estos años en los que han caído hasta la Tercera División, en parte gracias al enorme favor que le hizo la Real, han visto cómo seguidores sportinguistas acudían todos los fines de semana a los campos asturianos para animar a sus rivales. ¿Por qué iba a borrar Michu todo lo que ha sentido desde pequeño, por un puñado más de euros? ¿Eso es ser un lumbreras o una persona con principios y valores en la vida? “Nunca he engañado a nadie y siempre he sido del mismo equipo. Era una decisión difícil porque es un equipo de Primera y para mí era mejorar. Para lo bueno o lo malo lo medité con la gente de mi entorno. He recibido opiniones de todos los colores, pero es muy fácil opinar desde fuera”, ha declarado el jugador celeste. Seguro que a Mikel González y a Xabi Prieto no les ha sorprendido su decisión, porque ellos también han preferido el calor de su gente para siempre al del dinero del vecino. Eso no tiene precio. Jugadores y gestos como el de Michu engrandecen al fútbol y nos recuerdan que este deporte no es sólo un negocio, sino algo mucho más importante que eso. Un sentimiento.



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