Lo he dicho ya unas cuantas veces. No voy a entrar en el asunto de las primas, no voy a lanzar acusaciones infundadas contra nadie sólo porque, en un momento de escasa lucidez mental, piense que eso beneficia a la Real. Si el equipo txuri urdin no consigue el ascenso, no voy vivir de pataletas infantiles acordándome del esfuerzo de no sé qué equipo por impedírmelo. Pero llega un momento en que hay que poner freno a las imbecilidades. Porque lo que se está escuchando son auténticas imbecilidades. Irresponsables imbecilidades. Ya lo siento si alguien da por aludido, porque no es mi intención atacar a las aficiones de dos equipos con mucha historia detrás y que hoy son los rivales de la Real en la carrera por el ascenso. Os pido que no os sintáis agredidos por mis palabras, nada más lejos de mi intención. Pero las cosas tienen un nombre, por feo que sea.

Nunca, y repito, nunca voy a generar un enfrentamiento con afición alguna. A pesar de que en todas partes hay cafres, la corrección ha dominado la temporada entre realistas, malaguistas y sportinguistas. Y que así sea siempre. Es maravilloso poder ir a un campo de fútbol a animar a tu equipo, sea el que sea. San Sebastián y Gijón, por la cercanía geográfica, intercambiaron invasiones de aficionados. Y en Málaga, lo digo porque lo viví, hubo mucha corrección. Pero hay gente que parece no soportar el buen rollo entre las aficiones. Ojalá no suceda nunca, pero si en una próxima ocasión algún seguidor realista es agredido en Málaga o Gijón, me voy a acordar de todos estos irresponsables que hablan por hablar, sin medir lo que dicen y sin pensar lo que pueden estar provocando. La violencia, y no el ascenso, es lo que más preocupa de toda esta polémica.

David Barral, jugador del Sporting de Gijón, ha hecho unas declaraciones sencillamente inadmisibles en un profesional al referirse a los dos goles con los que la Real ganó en Tenerife, en un campo en el que, por cierto, el Sporting ganó 0-2 hace apenas dos semanas. «A mí no me lo ponen tan fácil los defensas contrarios. Les resultó fácil marcar en el primer gol por la mala salida del portero y también en el segundo, porque Sicilia se la come en la jugada». Esa es la interpretación que hace un profesional del trabajo de un compañero futbolista. Le está acusando de dejarse perder un partido por dinero. Y me parece triste. Si alguna vez vuelve a jugar contra él, ¿con qué cara le va a dar la mano Barral a Sicilia, defensa del Tenerife?

Lo que dice Barral no sólo es una barbaridad, sino una interpretación absolutamente equivocada del deporte y una frase interesada, muy interesada, porque sólo ve la compra de partidos en el error que perjudica a su equipo. Dice que a él no se lo ponen «tan fácil». Se lo pusieron así de fácil, incluso más, sin ir más lejos, el pasado domingo. En el minuto 90, se quedó solo delante del portero del Alavés porque la defensa del equipo vitoriano no reaccionó a tiempo ante un saque de banda. ¿Qué tendríamos que hacer? ¿Dudar del Alavés? ¿Decir que el Sporting ha comprado a la defensa alavesista para ganar en el minuto 90? Será que la Real también compró a Barral para que fallara. Convertir un error deportivo en una compra de un partido sólo se puede hacer desde una desfachatez impresionante.

Pero Barral no ha sido el único en hacer algo parecido desde Gijón. Hoy sí personalizo. Hoy sí doy nombres y apellidos, porque lo que he leído me ha provocado una justa indignación. Manuel Rosety, en ‘El Comercio’, publica un indignante artículo en la misma línea de las palabras del jugador sportinguista, dudando de la profesionalidad de Pablo Sicilia. Se les olvida a todos los que ven algo raro en Tenerife que es el propio Sicilia quien da el pase del gol del Tenerife, un gol que habría colocado a la Real dos puntos por debajo del Sporting y tres por debajo del Málaga. Será que Badiola sólo le dio la mitad de lo que le pidió Sicilia por dejarse perder y por eso regaló dos goles a la Real y dio uno al Tenerife… Qué triste que un periodista use su poder e influencia para publicar abiertas mentiras, para generar un clima de opinión contrario a un oponente deportivo, para, en definitiva y por mucho que duela oírlo, abrir las puertas a la violencia.

En días anteriores, las declaraciones subidas de tono habían venido desde Málaga. Y son tan equivocadas como las que ahora vienen desde Gijón. Fernando Sanz, presidente del Málaga, acusó a la Real de comprar partidos. «Que si 90.000 euros por ganar, que si en caso de que la Real suba te damos tanto dinero. Situaciones que son tan sucias que asquean. A lo mejor hay que irse a un juzgado a denunciar todas estas situaciones totalmente ilegales», dijo la semana pasada. Y dijo más. «Hablaré con Badiola para que me explique cómo entiende él que es el mundo del fútbol y cómo se está equivocando. Ha entrado con muy mal pie en este mundillo. Primero, me daré el gusto de decírselo a la cara y segundo, tomaré otras medidas».

Pero ni habló con Badiola, ni se ha dado el gusto de acusar a nadie a la cara, ni ha tomado otras medidas. Sabe que lo dijo son frases de consumo interno, para satisfacer a los más exaltados (y ese, insisto, es el peligro de esta irresponsabilidad). Sabe que no tiene pruebas. Y sabe que no va a actuar porque, si hay primas, las hay desde todas partes. Desde el entorno de la Real nadie ha acusado públicamente al Málaga de nada, ni de la forma en que ganó ante el Sevilla Atlético ni de primar a los rivales del equipo txuri urdin, por mucho que sea eso lo que quieren algunos (gente, desde luego, que no tiene ningún parecio a este deporte) que se haga. De la misma forma que la Real no optó por forzar la suspensión de su partido en La Rosaleda cuando Juanma Lillo fue alcanzado por una botella lanzada desde la grada. Lillo quiso jugar. Lillo primó el deporte. Y eso es lo que debiéramos hacer todos.

No al juego sucio. No a la irresponsabilidad que fomente violencia entre las aficiones. No a las barabaridades sin sentido. No a la nula profesionalidad de cualquier deportista que se permita acusar sin pruebas a un compañero de dejarse comprar. No a toda esta porquería. El ascenso se decide en el campo de fútbol y yo, insisto, felicitaré a los equipos que suban sin preocuparme de todas estas irresponsables imbecilidades. Pero hoy han conseguido enfadarme. Mucho. Y tenía que decirlo.

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Por Juan Rodríguez Millán

Periodista de corazón y de vocación, cinéfilo desde siempre, apasionado del deporte (y sobre todo de la la Real Sociedad), de la cultura, de la sociedad, de la vida.

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