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Héroes, ilusión y potrillos 30 años después

Ya vendrá el Barça y nos devolverá a la tierra. O no. Quizá dentro de dos semanas volvamos a protagonizar la machada de hace cuatro meses. Pero ya arrancamos con una victoria.

Mi inquietud empezó mucho antes de las seis de la tarde, no sé si decir, a riesgo de cumplir el tópico de andaluz exagerao, que me inquietaba el inicio de Liga desde el final de la anterior. Más de un realista se sentirá identificado, no creo exagerar. La pretemporada avanzaba y no se sabían más novedades que las salidas, desde el entrenador Lasarte hasta el goleador Tamudo.

Esta afición nuestra, ávida de héroes, no se conformó con la llegada al banquillo de Montanier y su apuesta por el fútbol de toque y cantera. Barça y Pep sólo hay uno, estamos de acuerdo, pero también en que no hay mejor modelo a seguir. Y los refuerzos, que se hicieron esperar, llegaron. Mariga puede aportar fuerza a la media y Vela, que no tuvo un gran debut en Gijón, dará variantes y calidad al ataque, ya nos arrepentiremos de que Loren, pa variar, no estuviera fino y apretara para su fichaje, sin conformarse con la cesión, que conviene más al Arsenal.

Y en esas estábamos cuando uno de nuestros ídolos, el potrillo francés Griezmann, casi se nos va al Atleti. A su vuelta del Mundial sub20 intentó corregir: verdades a medias publicadas en L’Equipe y bla, bla, bla. Dentro de dos semanas, si entra en la convocatoria, que intente hablar en el campo, donde mejor se expresan los futbolistas. Y él es de los buenos, gran oratoria la suya. Tampoco es mudo Ifrán pero justo antes de ir a Gijón se descolgó con unas declaraciones algo desafortunadas. ¿Nervios por la competencia actual y los posibles nuevos fichajes? Venga Pavlyuchenko o resucite Bienzobas (DEP), demuestre usted lo que vale en los entrenamientos y gánese el puesto, sin olvidar la confianza recibida a su llegada, por desgracia lesionado.

Y con esas inquietudes llegábamos a Gijón, donde hacía 30 años, 4 meses y 1 día que Zamora la había liado parda y un bebé de Almería, aún sin saberlo, ya era campeón de Liga. Cuatro días después, Paco, nuestro primer Pichichi, se iba de este mundo con esa alegría compartida por miles de fieles de la parroquia txuri urdin. En estas tres décadas otros muchos se han ido con él y tantos y tantos niños han venido a reforzar esta gran masa realista, no sólo en Guipuzcoa sino aquí en Almería, en Madrid o, por qué no, fuera de la Península.

Justo 30 años después, aquella gran victoria ante el todopoderoso Barça que no olvidaré y espero se repita quizá el 11 de septiembre -lo de torres más altas han caído me lo ahorraría porque ya cayeron el 30 de abril, no sé si más altas pero sí las mismas torres-. Y, ya que la liga no empezó cuando debía, el lunes -ya empezábamos- ante el Atleti, no pudimos tener mejor estreno y sábado que el de Gijón, con un Bravo siempre sobrio, una buena defensa con laterales como puñales dando pases de gol -lástima del borrón de Charly- o una pareja de centrales que deja en el banco a la que podría haber llegado a ser mítica -Mikel y Ansotegi-.

Ojito a Iñigo Martínez, que puede llegar lejos de la mano de Demi. De momento a la sub 21, donde compartirá vestuario con Illarra, dueño y señor de la tierra media, con la osadía de relegar a funciones de escuderos al capi y a Zuru. Xabi Prieto es ese sistema siempre operativo que a veces parece en standby pero que siempre funciona cuando debe. Y a falta de Llorente o lo que esté por venir, otro potrillo pide paso con fuerza y mérito: Imanol Agirretxe, versátil y goleador, héroe en El Molinón siguiendo la estela de Zamora. Grandes tardes nos esperan.

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