Esperando la derrota
Antes de que empezara la temporada, le preguntaron a Lillo si tenía la sensación de que le estaban esperando, de que había gente que estaba deseando que perdiera la Real para cargar contra él. Su respuesta fue rotunda. Sí, dijo, claro que sí. Ya sabemos todos cómo funciona este condenadamente extraño mundo del fútbol, ya sabemos que los entrenadores suelen despertar filias y fobias a partes iguales, ya sabemos lo difícil que es reconocer méritos y lo fácil que es lanzar improperios. Todo eso lo sabemos. Lo que no sabíamos quienes tanto queremos a esta Real Sociedad es que hay tanta gente esperando no ya que Lillo se le pegue, sino que sea la propia Real la que fracase. Por eso hay tanta dispuesta a lanzar afirmaciones irresponsables tan alegremente.
Veréis, el rumor de moda es que los jugadores de la Real se dejaron perder el sábado en Sevilla como una medida de protesta contra el presidente Badiola. Tan insistente es el rumor, que hoy en la prensa guipuzcoana hay sendas entrevistas a Lillo y a Gerardo en las que se le pregunta por este asunto. No pienso caer en la trampa de evaluar esa posibilidad, porque analizarlo siquiera me parece repugnante con la base de un único mal partido. Pero sí creo que es necesario dejar claro lo repugnante que es escuchar a alguien sugerir esa idea. Lo es porque ahonda en una idea que me parece perversa, pero cada vez más evidente: hay demasiada gente que está deseando que pierda la Real para soltar toda su artillería. Así de claro. Y es fundamental decirlo porque es algo inédito en la historia de este equipo. Antes todos queríamos que ganara la Real. Podía caernos mejor o peor Toshack o Irureta, De Pedro o Westerveld, Uranga o Astizarán. Pero todos animábamos a los que llevaban el escudo de la Real.
Asumiendo el desastre que fue el partido de Sevilla, miremos la actual situación de la Real. El equipo es séptimo, a un solo punto de los puestos de ascenso y a tres del liderato. Ha marcado al menos un gol en seis de los siete partidos oficiales de la temporada. Ha mantenido su puerta a cero en tres. Ha pasado la primera eliminatoria de Copa del Rey. Y uno lee lo que lee y escucha lo que escucha y parece que estamos en luchando por el descenso a Segunda B en el tramo final de la temporada. Inaudito, sencillamente inaudito. El entorno era algo que antes veíamos con asombro en equipos como Madrid o Barça. En la Real no se montaban crisis en la quinta jornada. Pero algo ha cambiado, y sigo pensando que el embrión de estos lodos hay que buscarlo en el cese prematuro de Krauss en 1999. Ahora, en esto como en demasiadas cosas más, somos un club cualquiera. Lo que nunca habíamos sido hasta hace pocos años. En esto, ya no reconozco a la Real.
Una cosa es la crítica (yo la hice después del partido de Sevilla; ¿cómo no hacerla?) y otra cosa es el rumor malintencionado. Tengo la creciente sensación de que hay mucha gente deseando que este equipo no logtre sus objetivos. Que no suba a Primera, que ni siquiera luche por ello. Que las deudas arrasen este club. Que la provincia de Guipúzcoa se divide y no esté detrás de su principal equipo. Antes no era así. Antes los diarios se preocupaban por que la Real jugara en Champions frente a la Juve porque vendían más. Los clubes guipuzcoanos apoyaban a la Real porque su bonanza económica repercutía en ellos. Pero las cosas han cambiado a casi todos los niveles. Y si ni siquiera con un buen arranque liguero (mejorable como todo en la vida, pero objetivamente bueno y más viendo el inicio de la temporada pasada) somos capaces de olvidarnos de todo lo demás y animar a la Real incondicionalmente, ¿cuándo lo vamos a hacer?
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