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Entrevista a Tamudo.
Ya lleva un mes entre nosotros. ¿Se ha instalado definitivamente?
Sí. Mi mujer y yo ya vivimos en un piso, en la zona de Ondarreta. El aterrizaje no ha podido ser mejor. Las cosas, de momento, acompañan en lo deportivo, y además la acogida de los compañeros ha sido fenomenal. Me lo han puesto todo muy fácil. De la gente de la ciudad puede decirse lo mismo, es muy amable. Todo el mundo me anima y me desea suerte.
En este sentido, las cosas son diferente aquí que en Barcelona, ¿no?
El otro día lo comentaba con mi mujer. Todo el mundo rema en la misma dirección, porque es del mismo equipo. Es algo muy diferente a lo que ocurre en Barcelona, con Barça y Espanyol.
Claro, porque usted iba paseando por la ciudad condal y… ¿Cuál era la situación más habitual?
Te encuentras de todo. En líneas generales, la gente siempre te respeta, sea del equipo que sea. Creo que las cosas pueden decirse, pero siempre con respeto.
Lo que ocurre es que usted le quitó una Liga al Barça en el Camp Nou con un gol en el último minuto.
En la historia del fútbol no recuerdo que haya pasado nunca algo como aquello. Es normal que la gente, cuando te ve por la calle, te lo recuerde. De hecho, la gente que es del Madrid todavía me sigue felicitando. La gente del Barça también se acuerda bastante de mí (risas). Yo al respecto siempre digo lo mismo: uno tiene que intentar hacer su trabajo lo mejor posible.
Después de aquello, en medio de la redacción de un diario deportivo madrileño, hubo durante algún tiempo una jaula con un periquito, al que bautizaron “Tamudo”.
Sí, no me acuerdo muy bien, pero creo que algo me habían contado al respecto. Son curiosidades… Yo estoy feliz no sólo por aquel partido, sino por toda mi trayectoria. He jugado muchos años en Primera División, lo cual no es fácil.
Repasemos esa trayectoria. ¿Cómo empezó todo?
Pues yo siempre había jugado al fútbol, hasta que con catorce años, en 1992, entré en las categorías inferiores del Espanyol. A partir de ahí, me dediqué a entrenar a tope, porque me gusta mucho este deporte. Así, hasta que, sin darte cuenta, ya estás jugando casi en Primera. Todo va muy rápido, no te da tiempo a asimilar las cosas, y enseguida te ves en el primer equipo. Ahí cambia tu vida totalmente.
¿Cuál es la “quinta” con la que coincidió en las categorías inferiores del Espanyol?
Pues yo coincidí con Sergio, que jugó en el Deportivo y ahora está en el Levante, con De Lucas, con Capdevila… Teníamos un buen grupo, y seguimos manteniendo el contacto.
En infantiles, cadetes, juveniles… ¿Habría “pique” con el Barça, no?
Pues sí. Ahí estaban los que son más o menos de mi generación. Xavi, Puyol, Gerard… Había roces, pero son muy buena gente. También mantengo el contacto con ellos, porque son muy buenas personas.
¿Les conseguían ganar con el Espanyol?
A veces. Pero bueno, en esos momentos juegas para divertirte, y nunca piensas en que vas a llegar a Primera y vas a poder ganarte la vida con el fútbol.
Se lo pregunto porque los equipos de las categorías inferiores del Espanyol son muy potentes.
Sí, el Espanyol trabaja muy bien el fútbol base. Hay muy buena cantera. Es una lástima que José Manuel Casanova ya no esté, porque ha sido el artífice de todo.
Antes de asentarse en el primer equipo blanquiazul, estuvo cedido media temporada en el Alavés.
Era mi primera experiencia fuera de casa. No jugué mucho, la verdad. Llegué a un equipo hecho, que iba líder y que llegó a semifinales de la Copa del Rey. Me lo pasé bien, y en lo personal, lejos de mi tierra, aprendí muchas cosas. Futbolísticamente el balance no fue tan positivo, pero de todo se saca algo.
De su trayectoria en el Espanyol ya lo sabemos todo: dos Copas del Rey, un subcampeonato de la UEFA… Pero su etapa como perico no habría sido tan larga si, en su día, llega a fichar por el Glasgow Rangers.
Sí, fue en el año 2000. Quedaban pocos días para que se cerrara el mercado de fichajes. Yo estaba tranquilamente en Barcelona, y un día me llamó mi agente, Tomás Durán. Me dijo: “Raúl, el Glasgow Rangers va a pagar tu cláusula de 18 millones de euros. Te tienes que marchar para allá, porque el Espanyol necesita el dinero”. Yo no me quería ir, porque estaba muy bien en Barcelona, con mis padres, mi familia… Sí que era cierto que el club pasaba por un momento económico muy duro, y tuve que acceder. Fui a Escocia, me sometí a la revisión médica y dijeron que tenía la rodilla mal, y que no podía jugar si no me operaba. No me ficharon, y ese mismo domingo jugué con el Espanyol… Fue un error médico que, si te digo la verdad, me hizo muy feliz.
Su última temporada en Barcelona ha sido un poco extraña, ¿no?
Quizás dé esa sensación desde fuera, pero más que extraña, para mí fue difícil y dura. Date cuenta de que yo siempre he jugado, siempre he ido concentrado con el equipo. Y de la noche a la mañana me encontré con que no contaban conmigo, con que no iba ni convocado, y con que tenía que ver los partidos por la tele o desde la grada.
Le decía que ha sido una campaña extraña porque, vista su situación desde fuera, no se le encuentra una explicación.
Pues si te digo la verdad, yo que lo viví todo desde dentro tampoco le encuentro una explicación al asunto. Hay cosas que no se entienden. Sí que es cierto que en el fútbol se dan casos como el mío. De repente, por lo que sea, uno deja de contar y pasa a un segundo plano. No hay que darle más vueltas.
Pochettino, el entrenador, había sido compañero suyo como futbolista. ¿Tuvo problemas con él?
Hombre, uno puede tener sus diferencias con el entrenador, pero es algo normal en el mundo del fútbol. Al final, hay que saber distinguir lo que es mejor y peor para el equipo, y él tomó la decisión.
Llega el verano y se ve sin equipo… ¿Estuvo muy pendiente del móvil?
No te creas. Me dediqué a descansar, en la playa, y en muchas de las que estuve no había cobertura. Surgió la opción de la Real, me gustó la idea de venir, y aquí me tienes.
En el Espanyol la plantilla siempre cuenta con varios canteranos. ¿Se asemeja en algo aquel grupo al que se ha encontrado en la Real?
Bueno, cada vestuario es un mundo. En el Espanyol, al final, hay mucha gente de fuera. Y aquí casi todos son de casa. El único que no habla castellano es Jeffrey Sarpong, que además acaba de llegar… En La Real hay muchos jugadores jóvenes con ganas de hacerse un hueco en Primera, y allí la gente está más contrastada. Son vestuarios diferentes, la verdad.
En su estreno oficial, ante el Villarreal, le tocó hacer un trabajo más bien sucio.
Al final uno se tiene que amoldar a lo que le toca. No siempre puedes jugar como a ti te gusta y marcar goles. A veces hay que sacrificar cosas, y yo estoy encantado de haber podido jugar esos minutos. Hubo compañeros que ni siquiera tuvieron esa posibilidad. Si te toca jugar, hay que correr y pelear para que el equipo se lleve los puntos.
Anoeta se volcó con el equipo.
Se vivió un gran ambiente. Yo he jugado toda la vida en Montjuïc, y cuando venían 25.000 personas apenas se notaba. El otro día creo que vinieron 26.000, y el ambiente era espectacular. Aunque haya pista de atletismo, si la gente anima, grita y aprieta, se nota muchísimo, y el equipo lo agradece.
Pues este estadio tiene fama de frío. ¿Que puede decir usted que ha venido muchas veces como visitante?
Para mí Anoeta siempre ha sido un campo difícil, al que todos los equipos vienen con respeto.
Usted solito ganó un partido aquí, con el Espanyol.
Llevábamos todo el partido con diez. Le habían expulsado a Jarque. Fue un balón largo, en el minuto 90, que peinó Pandiani. Chuté con la izquierda desde fuera del área, y marqué. No suelo meter muchos goles con la zurda, y menos desde fuera del área. Ahí la Real tuvo muy mala suerte (risas). Necesitábamos los puntos; fue una temporada muy dura.
Se salvaron en la última jornada, también contra la Real, y también en el minuto 90.
Yo creo que ése es el momento más dramático que le puede tocar vivir a cualquier futbolista de cualquier equipo del mundo. Salvarte del descenso en el minuto 93… Recuerdo que en el minuto 80 estaba pensando en que no podía ser, que no podíamos bajar a Segunda. La cabeza la tenía en todos los lados, menos en el campo. Ese fin de semana lo pasé fatal.
¿El gol le cogió en el campo?
Sí, sí. Yo jugué todo el partido. Cuando marcó Coro salimos todos corriendo detrás suyo. No sé cómo pude pegarme aquel sprint, la verdad (risas). Yo tardé tres o cuatro días en asimilarlo todo. No me lo creía. En el minuto 93 estábamos en Segunda.
Nos hemos ido por los cerros de Úbeda. Estábamos hablando de la victoria ante el Villarreal.
Después del resultado de la semana pasada, si alguno tenía alguna duda de nuestro papel en Primera, se habrá llevado una sorpresa. A partir de ahora la gente vendrá con mucho respeto. Cuando subes a Primera hay que ganárselo, y pienso que nosotros ya lo hemos hecho.
¿Qué objetivo debe plantearse el equipo?
De momento, hay que pensar en la salvación. Hemos ganado el primer partido, pero va a ser un año duro. La afición está en su derecho de pensar en cotas más altas, pero vamos a vivir una temporada difícil. Habrá que luchar a muerte durante los 90 minutos de cada partido. Cada equipo tendrá que explotar sus virtudes y esconder sus carencias, e intentar marcar más goles que el rival. Al fin y al cabo, esto es lo que te da las victorias.
¿Se ha marcado algún objetivo personal?, ¿alguna cifra de goles?
No, simplemente trabajar cada entrenamiento y cada partido para luego hacerlo lo mejor posible cuando llegue la oportunidad de jugar.

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