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El malo Bueno.

LA manera con la que le conocen en su país, las referencias que recibimos de él cuando apareció como objetivo de la Real y la huella dejada por su compatriota Abreu nos auguraban una temporada con sobresaltos. Carlos Bueno llegó tarde en verano, por lo que le costó coger la forma, tal y como se han encargado de repetir hasta la saciedad Lasarte y él mismo en sus comparecencias en la sala de prensa. El delantero siempre ha preferido ser diferente a sus compañeros, al no conceder entrevistas individuales a los medios privando a los aficionados de sus impresiones y comentarios sobre su carrera, tan convulsa como meritoria. Pero tras un comienzo marcado por sus lógicas suplencias debido a su bajo nivel físico y al gran rendimiento de Agirretxe, el uruguayo se fue haciendo hueco esforzándose al máximo en Zubieta, en un periplo en el que, todo hay que decirlo, jamás elevó la voz para quejarse.

Cuando por fin se había adueñado de la titularidad y no paraba de meter goles, muchos de ellos decisivos, ha dado varios pasos atrás al pasarse dos semanas y media disfrutando del verano suramericano, mientras tramitaba su visado. Su retraso no puede tener ninguna justificación, porque el resto de jugadores extranjeros que han llegado tarde tras las vacaciones navideñas se han presentado en sus destinos sin excusas y están pendientes del correspondiente correctivo en forma de multa. Bueno no. Él cree que tiene coartada con el tema burocrático e incluso quiere jugar ante el Cádiz, aunque sus compañeros le lleven diez días de trabajo de ventaja. Lo malo es que deja en pésimo lugar a su entrenador, que siempre ha sacado la cara por él y que, sin embargo, le dejó ante los micrófonos uno de sus sinceros recados que tanto le gustan, con la enigmática frase de que “aparte de la burocracia y las fiestas navideñas, hay más cosas…”. Y, sobre todo, pone en evidencia al club, al fallarle cuando éste había actuado de cómplice. Para evitar que se cargaran las tintas, fuentes realistas anunciaron a los medios en las horas previas al partido del Betis que Bueno iba a provocar su quinta tarjeta, porque tenía que arreglar sus papeles y no le iba a dar tiempo a viajar a Vila-Real. Hasta ahí, todo es comprensible. Lo que no parece de recibo es que llegue el miércoles y no empiece a ejercitarse con el grupo hasta 48 horas antes de un duelo clave para la lucha por el ascenso. Sé que lo tiene fácil para defenderse, porque no podemos saber a ciencia cierta los pasos que tuvo que dar en Montevideo, pero me extraña. Me extraña que a un jugador que es internacional en un país como Uruguay, que vive el fútbol con semejante pasión, le cueste tanto obtener un visado de trabajo para jugar en la Liga. Si el equipo no hubiera estado arriba, le habrían caído palos por todas partes.

Aunque pueda correr en perjuicio del equipo, para mí no debería haber entrado en la convocatoria, porque este es un club de cantera, que tiene que regirse por unas normas que sirvan para educar a todos los chavales que sueñan con estar algún día en su lugar. Ése es el lado malo de Bueno, pero también tiene uno que me gusta. El uruguayo dota a la Real de un carácter diferente. Siempre cobra mucho protagonismo en los partidos, en los que acaba convirtiéndose en una referencia, tanto para los suyos como para los rivales. Tiene gol y un margen de mejora indiscutible, que sólo alcanzará si de verdad está dispuesto a intentarlo. No creo que vaya al Mundial, pero sí me parece que será un jugador vital para lograr el ascenso. Ya hemos aprendido, todo irá bien mientras sea noticia por sus actuaciones en el verde. El problema es cuando se empeña en aparecer en otras secciones del periódico…

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