de verdad que entiendo y acepto que las reglas del juego funcionan así. Que la rueda del fútbol es continua y no se detiene y que, probablemente, lo preferible es intentar pasar página cuando sucede un severo fracaso y solo cuatro días después llega un compromiso de una importancia capital como es la visita del Villarreal. Pero yo ya no puedo ni quiero. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza en la misma piedra. No sé qué frase hecha o dicho se puede aplicar para un equipo que lleva 26 accidentes de características similares de las 27 veces que ha pasado por la misma curva.

El tema no es baladí y da para una doble página de cualquier periódico serio de fuera de Euskadi. Porque la Real no es un cualquiera. Estamos hablando de uno de los selectos clubes que han logrado levantar dos veces la copa y que ha perdido tres finales. Es más, el agujero negro más sonrojante en su centenaria historia tuvo su origen en una de sus participaciones más legendarias en las que eliminó al Sporting, Atlético, al que le remontó el 2-1 que traía de la ida, y al Madrid, con el inolvidable 0-4 en la vuelta. Prefiero pasar por alto las lágrimas del definitivo partido ante el Barcelona.

Me da rabia que en este club parezca que nunca pasa nada. Que si ganamos al Villarreal todo se habrá olvidado. Y eso no puede ser así. No podemos seguir mancillando nuestro escudo de esta forma. Que el tema este es muy grave. Mucho más de lo que parecen creer en el club y el vestuario de puertas hacia dentro. No se puede aceptar que un equipo como el txuri-urdin solo haya eliminado a dos primeras en 27 años. Cuando aparece un problema tan grave hay que buscar una solución rápida. En la Real no solo no lo hacen, sino que además no le dan ni la más mínima importancia. ¿Otra vez a la calle a la primera? Pues nada, “qué pena, qué se le va a hacer, nosotros queríamos llegar muy lejos, a ver si el año que viene tenemos más suerte…”. Y todo el manual de frases tan repetidas como irritantes que podemos escuchar en boca de los protagonistas blanquiazules.

Está claro que no vamos a exigir que salgan y nos pidan perdón públicamente, o medidas drásticas como “que les corten un dedo” como solía reclamar a voz en grito uno de los primeros jefes que tuve cuando alguno de los nuevos cometía una sonada pifia. Pero necesitamos algo. Ya no nos vale con que lo seguirán intentando. En la Real hace falta apretar y elevar mucho el nivel de ambición y exigencia, sobre todo en lo que respecta a esta competición. Lo único que queremos escuchar es que la próxima temporada se van a tomar en serio de verdad la Copa, que el entrenador no va a rotar jugadores en diciembre porque solo llevan cinco meses de competición y, desgraciadamente parece, solo habrá afrontado un torneo, por lo que seguirán apostando por los elegidos que vienen jugando en la Liga. Pero que lo digan, porque hace tres años al presidente le preguntaron en una rueda de prensa en el mes de julio por las expectativas que tenían puestas en la Copa y le entró la risa y contestó textualmente “no sé muy bien qué decir”. Es obligatorio hacer un propósito de enmienda, porque de lo contrario seguro que a estas alturas estaremos lamentándonos de nuevo por el enésimo disgusto.

A mí me parecen tan inquietantes los errores del club en la planificación de la Copa como los que ponen paños calientes a sus repetidas decepciones. Muchos dicen que lo de Las Palmas no fue un ridículo si se tiene en cuenta los antecedentes antes segundas y segundas b. Creo sinceramente que estamos aprendiendo a asimilar una supuesta mediocridad que quiero lejos de mi Real. Caer ante los suplentes del penúltimo y recién ascendido, al que no le has ganado en tres partidos en poco más de un mes y al que no le interesaba para nada seguir adelante, como reconocía todo su entorno antes de los dos duelos de la eliminatoria, es sencillamente humillante.

Todo eso con 15.000 espectadores en la grada, que se fueron fumando en pipa, cuando quieres construir un estadio de 42.000. Insisto, y aun así nunca pasa nada. Damos por eliminada a la generación perdida en la Copa que solo espera resignada la desilusión anual, pero el problema es que poco a poco, y agotados de tanto recordar, se empiezan a cansar los que han disfrutado y vivido grandes hazañas de la Real en el torneo. Y ahora sí, a por el Villarreal. Por un motivo más importante aún que la urgencia clasificatoria, ya que la deuda con su sagrada afición empieza a ser escandalosa. ¡A por ellos!

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