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Buscando entrenador
Que nadie se asuste por el título, que la Real no ha cambiado de opinión y Martín Lasarte sigue siendo el técnico que se sentará en el banquillo de Anoeta la próxima temporada. Pero esto de la búsqueda de entrenador lleva ya algo más de una semana rondándome la cabeza, sobre todo a raíz de los dos últimos artículos que Jon Trueba ha firmado los martes en El Diario Vasco. En el primero, hacía un pormenorizado y más que interesante relato de las gestiones que hizo el club para encontrar al sustituto de Juanma Lillo. Y sobre todo me llamó la atención lo que dice de Gonzalo Arconada y de sus motivos para rechazar la llamada de la Real. “Ni Gonzalo, ni su hermano Luis lo veían claro. Además tenía varias ofertas (finalmente se ha decidido por el Numancia)”.
No seré yo quien critique a Gonzalo Arconada por no venir a la Real. Somos sólo espectadores de lo que acontece en un mundo profesionalizado y cada actor de este espectáculo tiene que buscarse la vida donde quiera o pueda. Habrá quien piense que menudo realismo (de la Real) el suyo, que prefiere irse al Numancia cuando su club (si es que lo es, que yo lo desconozco; decirlo sería es una presunción lógica por su historial y su apellido) le pide que vuelva, pero él no ha manipulado emocionalmente a nadie, como sí han hecho otros en ocasiones anteriores. En todo caso, hay un detalle al que le vengo dando vueltas desde hace una semana, y es la mención de Luis Arconada en este artículo. Luis Arconada no veía claro que su hermano Gonzalo volviera a la Real. Eso es lo que me ha hecho pensar.
La memoria me ha devuelto a la entrevista que concedió el mejor portero de la Historia txuri urdin, precisamente a El Diario Vasco, el mismo día en que Jokin Aperribay fue elegido presidente, el día en que Iñaki Badiola dejó de serlo, el día que todos recordamos cómo acabó. En especial, me fijo en su última respuesta. “Yo tengo la esperanza de que quienes se han presentado ahora logren sus propósitos de regeneración, aunque será una tarea muy difícil”, decía entonces Luis Arconada, en una clara apuesta por un Aperribay del que entonces apenas sabíamos nada. Pero hoy, seis meses después, no ve claro que su hermano vuelva a la Real. No voy a prejuzgar qué hay detrás de ese “no lo veían claro”. No voy a criticar ni a quien lo piense, ni a quien lo publique, ni tan siquiera a quien pueda haber motivado esa falta de claridad. Pero me hace pensar.
El segundo de los artículos de Jon Trueba es tan interesante como el primero. Comienza con una conversación con un ex entrenador de la Real, cuyo nombre prefiere evitar. De esa parte del artículo, me alegra mucho que alguien que haya pasado por el banquillo txuri urdin diga abiertamente que “la cantera siempre da” y que lo que no se ha conseguido en los últimos años es la correcta combinación con los que vienen de fuera. Y me alegra porque siempre he tenido claro que ese y no otro es el mal que persigue a la Real sobre el campo. Por lo menos, el mal principal. Pero si traigo a colación este recorte de prensa es porque en su parte final reproduce un artículo del actual seleccionador español, Vicente del Bosque, un entrenador que, dicho sea de paso, no es del todo de mi agrado.
“Hay cuestiones claves para un entrenador: tiene que conocer bien la historia del club y respetar su identidad, marcar un estilo propio; participar en la formación de la plantilla, obtener de ella el máximo rendimiento; y en los partidos hacer compatible el orden del equipo con el talento. !Ah!, y ganar. Un entrenador debe dar libertad, pero con exigencia; afecto en vez de palo, emocionar a los jugadores con su profesión (son peor dos apáticos que cuatro malos); no criticar siempre a los mismos, rodearse de buenos especialistas, sabiendo delegar tareas, no responsabilidades. Tiene que ser uno mismo, sin mucha retórica y mantener la compostura: ni muy triste en la derrota ni muy eufórico en la victoria”.
Leo y releo esta definición. Y no dejo de hacerme, una y otra vez, la misma pregunta: ¿no es ese Lillo? Me detengo entonces en el matiz que aleja esa definición del todavía técnico realista. “¡Ah!, y ganar”. No estamos en Primera, no hemos ganado tanto como necesitábamos. ¿Es eso lo que marca ahora la frontera del éxito y el fracaso en la Real? Entonces, si la diferencia entre el cielo y el infierno sólo va a estar en el marcador, ¿por qué nos detenemos a hablar de tantas cosas, de la cantera, de las formas, de los medios? Yo creía que la respuesta es porque la Real es algo diferente. Y yo quiero que la Real siga siendo diferente. Incluso para algo tan inocente en apariencia como es buscar entrenador. Y que el que esté tenga toda la suerte del mundo. La misma que le deseé a Lillo el sábado en Madrid y que me agradeció con un gesto afectuoso.
Más información y artículos en Corazón Txuri Urdin


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1 Comments
Que alegría que se vaya Lillo !!!!!! Mira que eres pesado con que se quede (a lo mejor te llevas algo de su ficha) pero este entrenador esté entre los peores de mundo por detrás incluso de Clemente, por Dios, ¡¡ Que coño ha hecho este entrenador en su vida!! ¿Ha ganado algún titulo aunque sea de barrio? ¿Ha ganado algún partido en su vida por más de dos goles de diferencia? Queremos ganar y no encerrarnos como cucrachas patas arriba para defender un 0-0. ¿Cuantos goles han metido los tres primeros, y nosotros?
Adios Lillo te aburres a ti mismo!!!!!
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