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Bailando, cantando y ganando bajo la lluvia
Anoeta me sigue esperando. La primera visita en Liga del actual equipo de mi ciudad no me llevó a Donostia pero, visto lo visto, tampoco me arrepiento. Por ahora.
Esa UD Almería de la que soy abonado se ahogó en un terreno bipolar: perfecto en la primera parte, óptimo para la práctica del fútbol de toque; horrible en la segunda, propicio para la del waterpolo. Y ahí, en el equilibrio de uno y otro, ganó la Real. Bailó mejor, estuvo más fino y gestionó su ventaja con una pieza sencilla pero efectiva de natación sincronizada. Tres puntos.
Llovió mucho, demasiado. En casa y delante de la tele se estaba bien pero ya lo del segundo tiempo fue infumable y no quiero imaginar lo mal que se pasaría in situ. No creo que debiera suspenderse, quizá no era para tanto, si bien no recuerdo tal piscina desde mi infancia, en el vetusto y recordado Atotxa, si acaso en Ipurua. ¿El drenaje de Anoeta no es mejor? Pregunto.
El Almería empezó bien, acabó mal; hundido. Y antes de hundirse fue diluyéndose avanzada la segunda parte. La Real vio venir la tormenta, apretó antes del descanso, marcó -primer tanto de un defensa, Ansotegi- y supo nadar después guardando la ropa; mojada, sí, pero a salvo.
No así el visitante, que volvió a dar esa angustiosa sensación de afrontar viento y marea, de remar contracorriente; para morir en la orilla. Se la jugó en la primera media hora, magnífica, ya que parecía jugar en casa, en ese Mediterráneo donde tiene acostumbrados a inicios así, como ante Geta y Osasuna. Pero sin goles.
El tiro al palo de Ulloa, ciclón pasado por agua y con la pólvora mojada, pudo ser clave. Error garrafal en la salida del balón, uno más, pifia de Bravo, otra preocupante cantada, que dejó en clara ventaja al dúo sacapuntas. Pero el linterna es un killer, lo vio claro e hizo como si no viera al pulga. Y Lasarte, rayos y centellas pasando por su mente, se calmó… Media hora después.
El duende fue Tamudo, que vuelve a aprovechar la baja de Llorente -por suerte y desgracia se van relevando-. Apareció al borde del descanso de la nada y saliendo de un fuera de juego que a cámara lenta parece claro pero difícil de ver en vivo si no eres Fermín -en Madrid ya deberían temer su vuelta al Bernabéu-. Reapareció después, cerca del final del partido, a pocos minutos de coronar la cima, como buen sherpa, y marcó el 2-0.
Y así acaba para mí esta temporada de duelos particulares entre mis dos equipos, el de mi tierra y el de mi alma. Quedo a deber esa ansiada visita a La Concha, tras saciar mi sed de esos duelos tan esperados en Liga y Copa desde mi asiento del Fondo Norte del Mediterráneo. San Sebastián, también patrón de mi pueblo, me puso falta. Lo sé. Espero ir en la 2011-2012. ¿Vamos, Almería? ¡Gora erreala!


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