Articulo del Noticias de Gipuzkoa.
ni un motivo para volver
Eran las 6.30 horas de la mañana de ayer cuando un grupo de unos 50 valientes pertenecientes a varias peñas realistas tomaron un autobús en Donostia para apoyar a su equipo en Girona. Por delante, un soporífero viaje de 700 kilómetros y más de siete horas de duración. Poco les importaba, su incondicional amor a sus colores les permite hacer ese esfuerzo y muchos más para alentar a sus jugadores, que no atraviesan precisamente por su mejor momento. Dentro del campo, les ubicaron en un córner del estadio de Montilivi en el que no tenían ninguna protección para la incesante tromba de agua que cayó a lo largo de los 90 minutos. Daba pena observarles calándose, mínimamente protegidos por paraguas, y asistiendo a una nueva lamentable actuación de su equipo. No se lo merecen. En los últimos meses y desde diversos ámbitos del club y de su entorno han sido muchos los que han incidido en lo que estaban soportando los jugadores en los últimos meses. Y es cierto, están sufriendo mucho en una situación que no es cómoda para nadie. Pero, ¿y esos 50 héroes? ¿Y los 15.000 aficionados que van a Anoeta cada quince días con la esperanza de que su Real vuelva a ser grande y se encuentran con partidos infumables? El auténtico perjudicado por la situación actual de la Real es su aficionado. Después, en la larga lista de agraviados, vendrán los demás.
Antes de comenzar el encuentro, los verdaderos protagonistas del encuentro de ayer, entre los que varios de ellos irán a trabajar el lunes agotados por las horas de cansancio y el catarro que se cogieron, leían con esperanza la alineación del Girona, recién ascendido de Segunda B. Con todos los respetos, el once de la “roca”, como le definió Lillo (en sus ruedas de prensa previas a los encuentros parece que la Real se va a enfrentar con rivales de Champions ) estaba formado por Ponzo, Rangel, Cañas, Migue, Dorza, Matamala, Chechu, Xumetra, Jito y Martín. No se les puede quitar ningún mérito, porque no juegan nada mal y tienen las ideas muy claras, pero cómo es posible que el conjunto blanquiazul sólo sea capaz de superarles durante el último cuarto de hora. 6.000 aficionados gerundenses se acercaron ilusionados para ver a la histórica Real Sociedad y se encontraron con una ruina de equipo, que en muchas ocasiones no se merece la camiseta que viste. Y no se puede tirar del manual de excusas, explotado al máximo en los últimos años por las plantillas realistas. Hay partidos a lo largo del año que hay que ganar porque sí, y punto. Si no lo consigues es que vas a estar lejos de alcanzar tus objetivos. Ayer era un día de esos y la Real no se acercó al triunfo. Al menos salvó el empate, pero ese ritmo de puntos no conduce a nada bueno.
no da para más Lo peor de todo es que en los seis partidos seguidos que lleva sin vencer la sensación es que este plantel no da para más. Lillo volvió a no agotar el cupo de sustituciones en una clara señal de que no confía en su banquillo, algo bastante comprensible por cierto. El tolosarra no pudo contar con Markel Bergara, que sufrió una gastroenteritis (lo que no le pase a este chaval), por lo que dio entrada a Rivas, apostó por Moha y colocó a Marcos en la banda derecha. Además, sorprendió al sentar a Carlos Martínez, cuando el partido y el pesado estado del terreno le iban al dedillo, para dar entrada al casi intocable Gerardo.
La Real empezó mal, como casi siempre. El Girona esperaba a los realistas en su campo y cuando robaba salía como una bala a la contra. Xumetra volvió loco a Gerardo, que le hizo un claro penalti en el minuto 10 que no pitó el colegiado, y su disparo más peligroso lo salvó con un paradón Zubikarai. Los blanquiazules tardaron media hora en hacerse con el control del juego y cuando comenzaron a tocar parecieron muy superiores a los locales. En el último cuarto de hora, en el que destacaron Sergio y sobre todo Marcos, crearon cuatro ocasiones clarísimas que no aprovecharon. Porque, entre muchos otros defectos, este equipo también carece de pegada.
El técnico local interpretó que la cosa pintaba mal para su equipo e introdujo un cambio que le permitió reconducir la situación. Cuando era lógico pensar que sentenciaría en la segunda parte, la Real fue superada por un rival cada vez más crecido y ambicioso. Pese a las más de cinco oportunidades locales, concedidas por una endeble zaga, los realistas se encontraron con una última opción que Marcos, no sólo erró, sino que fue expulsado por dejarse caer.
Cuando el árbitro señaló el final, sólo siete realistas se acercaron a aplaudir a sus aficionados. A ninguno se le ocurrió ir a regalarles su camiseta. ¿De verdad son conscientes de lo que sufre y hace esa gente por ellos? Cuando lo piensen, seguro que les costará encontrar un motivo para volver a viajar dentro de quince días a Tarragona. Pero lo harán, no lo duden.
- Valoración:


