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Al César lo que es del César.

los accionistas de la Real secundaron de manera abrumadora al Consejo. De sobra es conocido que yo no apoyé su llegada al club por la torticera manera en la que tomó el poder. Su peliculera operación de rescate, tan celebrada por algunos que sentían que por primera vez habían perdido presencia en Anoeta, sería legítima para la sociedad anónima (dedicado a las mentes sensibles), pero irrespetuosa con el club de fútbol. Para mí, la masa social de los seguidores de mi Real siempre estará muy por encima del gélido dinero de sus accionistas. Tampoco olvido y recuerdo que los que nos condujeron a la ruina y a Segunda fueron sus amigos de Denon, que siguen andando por Anoeta como si no hubieran roto un plato. Dicho esto, quiero aclarar que me parece que este Consejo ha hecho bien las cosas. Ha trabajado en silencio, ayudado por todos, y ha sacado adelante una situación que era crítica.

Esta directiva ha renovado a casi todos los canteranos de nivel y ha logrado formar un equipo que nos está haciendo soñar con el ascenso. Tomó una decisión muy difícil al prescindir de Juanma Lillo, aunque dio en el clavo al escoger su sustituto. Podré discrepar con algunos de sus movimientos, sobre todo los que hace durante los partidos, pero Martín Lasarte es un entrenador noble y con carácter, que ha traído aires renovados y no intoxicados al vestuario txuri-urdin. Algo que era imprescindible para dejar de mirar atrás y centrarnos en el futuro deportivo. Del Consejo me quedo con su presidente, Jokin Aperribay. Además de ser un hombre cabal y un apasionado realista, está demostrando ser un correcto gestor, sobre todo gracias al talante conciliador con el que está gobernando. Su mérito reside en que siempre ha tratado de aunar el mayor número de sensibilidades en torno al sentimiento realista. Y lo ha conseguido, porque hacía muchos años que no se respiraba una calma social como la actual. Salvo algún guiño a la eterna influencia que siempre ha pesado sobre la Real, pocas palabras de reproche tendré con Aperribay. Eso sí, uno de sus vicepresidentes, alguno de sus consejeros y algún miembro de su cuerpo técnico no tienen mi respeto, simplemente porque no se lo han ganado.

La buena marcha del primer equipo y su menor número de acciones han ido relegando a un segundo plano a la oposición. Sólo Iñaki Badiola tomó la palabra en la pasada Junta. Estuvo mucho más comedido que cuando era presidente, lo que refleja que es consciente de que, entre otras muchas cosas, le fallaron las formas. Sin embargo realizó dos peticiones al Consejo que me parece que tienen que ser escuchadas. Si, como descubrió este periódico, unas familias se hicieron con el control del club en los últimos días de la ampliación de capital, una de dos, o se confirma que nuestra información es cierta y se hacen oficiales todos los datos, o se levanta la veda por la que nadie puede hacerse con más del 2% del capital. Y, por último, este Consejo no tiene que esperar a lograr la estabilidad para convocar elecciones por dos motivos: la forma en la que se hizo con el mando, tan legítima como irrespetuosa con el club, y porque prometió hacerlo al liberarse del yugo concursal. Es evidente además que las ganaría cómodamente si se presenta, como se pudo comprobar el jueves. Sería el último gran paso para alcanzar por fin la ansiada cohesión social, lo que dejaría impoluto el camino a lo que históricamente fue nuestra Real.

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