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Aita, ¿cuándo nos dan la Copa?
La escena se vivió en un autobús urbano lleno de aficionados realistas que salían de Anoeta tras el 2-0 del partido de ida frente al Mallorca y resume a la perfección la ilusión que se ha generado esta campaña en torno a la Copa del Rey. Una niña, que ya se sabe que suelen ser más listas y seguro que habría percibido la excitación de su padre, le preguntó a viva voz entre la gente que se encontraba apiñada dentro del vehículo: “Aita, ¿cuándo nos dan la Copa?”
No se puede discutir que el benévolo sorteo de los cruces desde octavos hasta las semifinales ha disparado la euforia de una parroquia sedienta de emociones en el torneo del KO, en el que su equipo había acumulado desgracias y humillaciones durante los anteriores 23 años. Es por este motivo que la Real no puede fallar esta noche, ya que si no impide la remontada, su temporada quedará marcada, una vez más, por lo bonito que pudo haber sido pero simplemente no fue. El 2-0 es un resultado notable como para no pasar demasiados apuros y evitar poner el corazón en un puño a tus feligreses. Montanier declaró, el miércoles pasado al término del choque, que confiaba en haber aprendido la lección de lo sucedido en Granada. Lo que esperamos los aficionados realistas es que no sea él quien vuelva a tropezar en la misma piedra, alineando un once ultradefensivo y con varios jugadores improvisando en posiciones que no son las suyas. La Copa es un torneo impredecible y caprichoso, al que si le honras afrontándolo con la máxima ambición y apostando por tus habituales titulares, te puede recompensar con el premio de jugar una final y situarte a las puertas de Europa, más el plus de ilusión que supone alimentar el sueño de tu hinchada. No es suficiente con mostrar una fe ciega en tus posibilidades reales en la competición, sino que estás obligado a refrendarla con tus decisiones y movimientos. Todos tus actos deben ser creíbles y normales, como sucede en cada jornada de la Liga, donde siempre juegan los mejores. Eso fue justo lo que no hizo Montanier en Granada y, por el contrario, sí realizó en el choque de ida, lo que le permitió adueñarse de un interesante botín con el 2-0.
Al contrario de lo que sucedió en Los Cármenes, donde la grada se volcó con su equipo cuando vio que tenía opciones reales de darle la vuelta al 4-1, Iberostar es uno de los estadios más fríos de la Liga, por lo que la presión ambiental no podrá ponerse como excusa. Justo lo contrario que Anoeta, que, al margen de los grandes, ha registrado las mejores entradas en sus dos citas coperas de esta campaña, por lo que nadie podrá decir que no se merece llevarse una gran alegría.
Un periodista bético, del que ya les he hablado en más de una ocasión, escribió la semana pasada en su cuenta de Twitter que tenía muy claro que la Copa la iban a ganar Barcelona o Real Madrid y que la trayectoria de los demás era un estéril engordar para morir. Se equivocaba profundamente. Eliminar al Mallorca supondría dejar atrás el ingrato mundo de las realidades para adentrarte en el de los sueños. Un hipotético derbi en cuartos se erigiría en el momento estelar de la temporada, si no lo supera el disputar la final. Si se llega a este partido, el pasaporte a Europa estaría garantizado y el desplazamiento masivo del mundo realzale, tal y como ha acometido siempre, no lo olvidaría ninguno de sus 30.000 protagonistas jamás en su vida. Ni la niña que viajaba con su padre en el autobús, que por fin podría ver de cerca la Copa que tanto desea que le entreguen a su Real.


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