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A nuestro ritmo

La semana pasada, 48 horas antes del partido de Alicante, estaba viendo un programa en una cadena del canal satélite sobre la previa de la jornada. Al parecer, acostumbran a realizar una quiniela entre sus invitados, entre los que se encontraba Pardeza, director deportivo del Madrid (con la cabeza aún despeinada, supongo que desde lo ocurrido dos días atrás en Alcorcón). A su lado, tres periodistas opinadores, de éstos que lo saben todo y que cuando hablan de la Real se delatan, al menos para mí. A uno de ellos, al que no había visto en mi vida, le tocó poner el signo del Hércules-Real: “Un 2, la Real esta temporada va a subir de calle”. Lo que en un principio tenía que hacerme ilusión, terminó provocándome un ataque de risa. “Éste no tiene ni idea, no ha visto un partido de la Real en toda la temporada, pero se ha quedado todo a gusto”, le dije a mi padre. Con esto no quiero decir que yo no piense que el equipo realista no vaya a subir, pero si algo hemos aprendido en estos tres años, en los que hemos pasado del desconocimiento más absoluto a expertos en la materia Segunda División, es que esto es muy largo, demasiado, y que no vale de nada vender la piel del oso antes de cazarlo. ¿O no?

Lo cierto es que fuera del territorio el nombre de la Real no ha perdido fuste en nuestro periplo por el infierno. En cuanto hemos asomado la cabeza en el liderato todos se han acordado de nuestras credenciales y han dado por hecho que cuatro años sin un club con tanta historia en Primera serían demasiados. No me refiero sólo a periodistas. Hace poco el mismo entrenador del Cartagena señaló a un buen amigo suyo, realista de corazón, que según le habían comentado “la Real subía seguro”.

Es por este motivo por lo que me escoció especialmente la goleada en Alicante y, sobre todo, la penosa imagen que ofreció el equipo en los últimos minutos. Era la primera vez en tres temporadas que muchos aficionados realistas de fuera de Gipuzkoa, varios de mi cuadrilla incluidos, podían ver en directo un partido de los suyos y coincidieron en su veredicto: “Este año tampoco”. No ha habido manera de convencerles de que el equipo esta campaña emite otras vibraciones, que ha demostrado que puede y sabe jugar muy bien al fútbol, y que lo más probable es que hoy lo vuelva a hacer. Apuesto por ello.

De ahí mi decepción con Martín Lasarte al haber impedido que en Alicante viésemos a la Real que nos ha conquistado y nos ha hecho soñar. Esta semana me acordé de él al leer una artículo de Tostao, conocido como el Pelé blanco y uno de los integrantes del Brasil del Mundial de 1970, probablemente el equipo que mejor ha jugado al fútbol en la historia. Y que además ganaba. Escribía el que fue uno de los mayores estilistas futbolísticos: “En Brasil y en todo el mundo, los técnicos están sobrevalorados. Se apoderaron del fútbol. Son los dueños del espectáculo. Todo lo que sucede en un partido pasó a ser analizado desde su actuación. La técnica de los jugadores es mucho más importante”. Pues eso, Martín, cuyo comportamiento desde el pitido final te ha engrandecido por tu sinceridad, claridad y personalidad: no te apoderes del fútbol de los tuyos. Contra los mejores, que jueguen siempre los mejores. Todo lo demás será traicionarte a ti mismo. Mientras ansío la llegada del partido del Recreativo, no dejo de pensar en el periodista que predijo el 2 en el Hércules-Real. Seguro que ni se acuerda de lo que comentó y si le preguntan hoy responderá: “Yo ya dije que la Real no subía seguro”. Nosotros a lo nuestro y a nuestro ritmo, que estamos en el buen camino, entre otras cosas, gracias a Lasarte. No nos desviemos más.

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