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A cambiar el rumbo.

La Real ha perdido el norte. Las tres últimas derrotas consecutivas y el injusto empate in extremis ante el Zaragoza le han dejado desorientada y desubicada. Los realistas se encuentran a nueve puntos del tercer clasificado cuando sólo quedan 16 jornadas por disputarse, lo que les obliga a completar una machada muy poco probable, dadas las prestaciones que han ofrecido hasta el momento. La situación es tan extrema que ha terminado por dotar de credibilidad al mensaje de ir partido a partido. Sólo de esta manera podrá ir escalando posiciones y armarse de argumentos en su remontada.

Primera estación a la heroica, el peor colista que se recuerda en varias décadas. El Sevilla Atlético se presenta como la víctima propicia para pagar los platos rotos, en lugar del rival peligroso que ha vendido Lillo. Sus números negativos son tan abrumadores que todo lo que no sea sumar tres puntos puede poner patas arriba a una afición cansada de tantas decepciones y acabar con el otrora ilimitado crédito de Juanma Lillo. Pese al incondicional apoyo que ha recibido por parte de la plantilla, éste puede ser su último partido en el banquillo realista.

Como viene siendo habitual en lo que llevamos de temporada, Lillo ha vuelto a esconder sus cartas. Las dudas estriban en el sistema de juego, en el lateral derecho y en los sustitutos de los sancionados Rivas y Castillo. Lo lógico sería pensar que Dramé jugará sus primeros minutos en Anoeta, pero Lillo dispone de otras opciones como cambiar de banda a Gerardo, o pasar a actuar con una zaga de tres hombres, con Mikel González cubriendo el flanco izquierdo. De la posición de Gerardo dependerá si entra Carlos Martínez en la derecha o no. En el centro del campo, Markel y Aranburu se perfilan como el doble pivote. No parece probable que Lillo se la juegue con Sergio más retrasado, como pareja del capitán. El riojano actuará en la parcela del 10 , con Xabi Prieto y Marcos en las bandas y Abreu de estilete. Tampoco se puede descartar que Lillo recurra a un 4-4-2, con Necati y el uruguayo juntos por primera vez.

El Sevilla Atlético llega a Donostia como un farolillo rojo desahuciado, en el que no se puede destacar demasiado a ninguno de sus jugadores, salvo al argentino Armenteros o el finés Pukki, verdugo realista en la ida. La alfombra de Anoeta se presenta como el mejor escenario para que la fina escuela sevillana, muy reforzada con fichajes, se reivindique antes de dar con sus huesos en Segunda B.

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