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200 veces gracias, Xabi.
No sabemos muy bien lo que pretendía decir Arzu cuando declaró que la Real era un equipo resultadista, pero creo que pudimos encontrar la explicación ayer en Anoeta. Resultadista debe ser el equipo que gana siempre. Al que le gusta vencer y lo consigue de todas las maneras. Jugando mal como en Castellón, siendo hiperefectivo como ante el Real Unión o pasándole por encima al, en teoría, mejor equipo de Segunda, su Betis. Digo en teoría porque el mejor de Segunda desde agosto hasta final de año es la Real, que ha vuelto por sus fueros resucitando desde sus propias cenizas.
Los blanquiazules batieron el récord de victorias seguidas en Anoeta, siete, al imponerse con absoluta justicia a un rival que, si no le acompaña en su ascenso a Primera, protagonizaría una de las más grandes sorpresas que se recuerdan.
La Real es el líder y gran parte del mérito lo tiene Martín Lasarte. Este uruguayo ha cambiado el pesimismo que arrastraba este centenario club, para recuperar sus valores esenciales, los que le han convertido en una de las entidades deportivas más importantes del fútbol español. Lo ha hecho a base de trabajo, de motivar a la plantilla, de mantenerla siempre en tensión y de tomar sus decisiones basándose, casi siempre, en el sentido común. Él suele decir que no cree en los entrenadores “pomposos y pontificios”, porque es un preparador que sustenta su filosofía en sus vivencias como jugador. Además, ha logrado que cambie la suerte del equipo. Y no lo digo por lo de ayer, ya que el triunfo no tuvo nada que ver con la fortuna. Es más, si les hubiese acompañado, los realistas habrían podido golear al Betis.
Lasarte apostó a caballo ganador. Sacó a su equipo más valiente para jugarle de tú a tú al favorito de Segunda. La razón es evidente: pensaba que sus jugadores eran superiores a sus contrincantes, y no se confundió. La Real siempre fue más que el Betis. Empezó asustándole, al arrollarle de inicio. Un efecto intimidador que llevábamos mucho tiempo echando de menos en Anoeta. Este conjunto no especula, sabe cuál es el camino hacia la victoria y siempre elige la línea recta para alcanzarla. En los veinte primeros minutos los realistas crearon peligro hasta en seis ocasiones. Incluso marcó un gol Bueno, pero Hevia Obras, con la mente corrompida de antemano, lo que le deslegitimaba para arbitrar el encuentro, lo anuló por un inexistente fuera de juego. No perderemos ni una línea más en su incompetencia, porque Bueno, aunque inoportuno, tenía razón en lo que dijo.
El mejor de segunda El equipo blanquiazul juega con ventaja. En la banda derecha dispone de un puñal con nivel de Primera, que es, junto a Emaná (¡vaya bestia!), el mejor jugador de la categoría. El donostiarra recibió ayer muchas felicitaciones al disputar su partido 200 con la Real, pero a la que habría que felicitar es a la propia Real, por haber formado un jugador de su talla y haber logrado mantenerle en su plantilla. El show de Prietinho rozó la perfección. Destrozó a su adversario desde la banda derecha, donde no paró de profundizar, con algunas acciones delicatessen, y de enviar cartas con invitaciones al gol a sus compañeros. Sobre todo a Carlos Bueno, que completó otro partidazo.
Cuando el Betis parecía reponerse, sustentado en la conexión de la pareja Emaná-Sergio García, que son tan buenos que ganarán solos bastantes partidos en Segunda, el mago donostiarra se inventó el primer gol, que resultó decisivo para el transcurso y desenlace del duelo.
Elustondo, que es muy inteligente a la hora de seleccionar la forma de sacar los jugadas de estrategia, puso por abajo una falta casi frontal; Prieto paró el balón, se giró, avanzó y puso una sutil vaselina sobre Goitia que Bueno, como buen depredador de área y en posible falta, envió a las redes. De ahí hasta el descanso las dos figuras béticas gozaron de sendos disparos francos, pero apareció la otra estrella txuri-urdin, Bravo, probablemente el mejor portero en la Real desde que se retirase Arconada. El chileno hizo dos paradas decisivas y fue aclamado por la afición.
En la reanudación se esperaba la reacción visitante, pero los realistas supieron reducirla y domarla. La Real leyó bien la manera de jugar lo que faltaba de encuentro, al dar un paso atrás y esperar a que el Betis se abriera sin concederle ninguna ocasión. En el primer cuarto de hora Xabi Prieto hizo las delicias de la grada al servir dos asistencias de oro a Bueno, que se desmarcó bien, pero falló en el remate. Elogiable fue también la labor de contención de un poderoso físicamente Elustondo y un Diego Rivas, que cortó mucho juego, sobre todo con faltas tácticas. La única oportunidad bética fue un cabezazo de espaldas de Emaná que se marchó cerca de la escuadra.
Camino de la leyenda Cuando se acercaban los minutos finales y Anoeta empezaba a sentir el frío siberiano por el sufrimiento que se avecinaba, la entrada de Aranburu aportó frescor al ataque realista. Nelson salvó bajo palos un cabezazo de Labaka y Elustondo casi marcó de disparo desde fuera del área. Finalmente, fue el eterno capitán, quien dejó solo a Prieto desde el centro del campo. El donostiarra terminó de poner a sus pies a la parroquia, al sentar con sangre gélida a Goitia antes de rubricar la sentencia.
Gran partido y mejor Real. Abran los ojos y miren la clasificación, la frontera del ascenso está a ocho puntos. No es éste el principal motivo para creer en que este año sí, sino la extraordinaria fiabilidad de un equipo que avanza desbocado hacia su meta. Un diez que lleva camino de la leyenda, Xabi Prieto, dio el pistoletazo de salida de las fiestas navideñas. Zorionak a todos.


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